La diabetes explicada a los niños de Infantil

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-Chicos, hoy ha venido a clase una invitada muy especial. Se llama Ana, y es enfermera. Y viene a explicarnos una cosa muy interesante. ¡Dadle la bienvenida!

Los niños saludaron llenos de curiosidad.

-¡Hola, Ana! ¿Qué nos vas a contar?

-Pues os voy a contar la aventura de Mateo, vuestro compañero de clase. Todos conocéis a Mateo, ¿verdad?20170518_222844

-¡Sí! – contestaron los niños, señalando a Mateo, que estaba sentado al lado de Ana un poco colorado.

-Pues a Mateo le ha pasado algo muy importante. Vais a ver. Pero primero me tenéis que contestar una cosa. ¿Alguna vez habéis tenido mucha hambre?

-¡Sí! – contestaron todos.

-¿Y dónde notáis el hambre?

-¡En la barriga!

20170518_222825-Eso es – dijo Ana -. Cuando tenemos hambre la barriga nos molesta, y a veces hasta nos duele. Y hasta que no comemos no se queda tranquila. ¿Verdad?

-¡Sí!

-¿Y os parece justo que sólo coma la barriga? ¿Qué pasa con el resto del cuerpo? ¿Por qué no van a poder comer los ojos, los brazos, las piernas, la cabeza, el corazón?

-¡Pero si ellos no tienen hambre! – protestó un niño.

-Eso lo dirás tú. Ellos también trabajan sin parar, y también tienen hambre, y tienen que comer.

-¿Ah, sí? – preguntaron los niños, asombrados.

-Claro. Cuando la cabeza tiene hambre, nos duele y no nos deja pensar bien. Cuando los ojos tienen hambre no nos dejan ver bien. Cuando el corazón tiene hambre no nos deja estar contentos. Cuando los brazos y piernas tienen hambre, están cansados y no nos dejan jugar ni correr. ¿No os ha pasado esto nunca?

-Sí que nos ha pasado – reconocieron los niños.

-Pues hasta que no les demos de comer, los ojos, los oídos, los brazos, las piernas… no volverán a funcionar bien del todo.

-¡Pero la comida solo llega a la barriga! – exclamó un niño.

-Sí. Pero nuestra barriga solo se come un poquito de la comida que comemos. El resto se reparte por todo el cuerpo, para que llegue a todas las partes: desde la cabeza hasta los pies. Para que todas las partes de nuestro cuerpo también puedan comer.

-¿Y cómo comen los brazos y las piernas? – preguntó una niña.

-Pues con cucharas – contestó Ana -. Con unas cucharas especiales que fabrica nuestra barriga.

-¿De verdad? – preguntaron los niños, asombrados.

-De verdad. Todos tenemos en nuestras barrigas una especie de bolsa que se llama PÁNCREAS. Es así – y Ana les enseñó un dibujo.

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-¡Es verdad, parece una bolsa! – exclamó un niño.

-Esta especie de bolsa, el PÁNCREAS, es en realidad es una fábrica de cucharas especiales. Son cucharas super pequeñas, tan pequeñas que son invisibles. Sólo se podrían ver con un microscopio muy potente. Y no son de plata, ni de hierro. Son de un material muy diferente: son cucharas de INSULINA.

-IN-SU-LI-NA. ¡Qué nombre más raro! – dijeron los niños.

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-Cuando nuestra barriga ya está llena y no quiere más comida, esas cucharas especiales cogen la comida que sobra y la reparten por todo el cuerpo: se la llevan la cabeza, a los ojos, al corazón, a los brazos y piernas…- explicó Ana -. Así ellos tampoco tienen hambre y nos dejan seguir jugando, viendo la tele y leyendo cuentos.

-¡Aaaaaah!19212

-¿Y todos tenemos esa fábrica de cucharas en nuestras barrigas? – preguntó una niña, tocándose la barriga para ver si la encontraba.

-Todos. Los niños y los mayores. Los bebés, los papás, los abuelos…todos tenemos esa “bolsa”, esa fábrica de cucharas especiales que reparten la comida. Está más o menos por aquí – Ana se tocó la barriga por encima del ombligo, y todos los niños la imitaron.

-Pero a veces esa fábrica se estropea – les dijo Ana -. Y deja de fabricar cucharas.

20170518_222830-¡Hala! ¿Y qué pasa entonces? – preguntó una niña.

-A ver quién adivina qué pasa entonces – contestó Ana.

-Pues que las cucharas no pueden repartir comida – dijo un niño.

-¡Muy bien! Eso es lo que pasa. Y si no pueden repartir comida, ¿qué le pasará a nuestra cabeza, a nuestros ojos, a nuestro corazón, a nuestros brazos y a nuestras piernas?

-¡Que tendrán hambre!

-¡Y que no funcionarán bien!

-¡Y que estarán cansados!

-¡Pero qué listos que sois! – aplaudió Ana-. Bueno, pues ahora vamos a hablar de vuestro amigo Mateo. Mateo estuvo muchos días sin venir a clase, ¿verdad?

-Sí, porque estaba malito – dijo una niña.

-Sí. No tenía tos, ni mocos, ni fiebre, ni le salieron manchas por la piel…  Pero Mateo estaba siempre cansado. Siempre tenía hambre y sed. Y no dejaba de comer y de beber. ¡Tanta agua bebía que se pasaba el día haciendo pis!

-Es verdad, me acuerdo – dijo un niño.

-Pero aunque Mateo no dejaba de comer y de beber, seguía teniendo hambre y sed, y seguía estando cansado. Siempre le dolía la cabeza. No veía bien la pizarra. Se cansaba de jugar, de dibujar y de leer cuentos. Y no conseguía estar contento.

-Pobre Mateo – suspiró una niña.

-Pero nadie sabía lo que le pasaba. Así que los médicos buscaron y buscaron, le miraron y le miraron. Por eso faltó tantos días a clase. Y por fin, después de mucho investigar y buscar, descubrieron lo que le pasaba a Mateo.

-¿Qué le pasaba? – preguntaron todos, expectantes.

-Que su corazón, su cabeza, sus ojos, sus brazos, sus piernas…¡no podían comer! ¡Tenían mucha hambre!

-¿Y por qué no podían comer? – preguntó otro niño.

-Pues al principio los médicos no lo sabían. Hasta que un día miraron la barriga de Mateo con un microscopio especial… ¡y se dieron cuenta de que la fábrica de cucharas de la barriga de Mateo, su PÁNCREAS, no funcionaba!

-¡Hala! ¿Y por qué?

-Porque se había estropeado. Y no fabricaba cucharas. Y si no fabricaba cucharas, aunque Mateo se llenara la barriga de comida, las cucharas no se la podían llevar a la cabeza, a los ojos, a los brazos, a las piernas…Y por eso Mateo siempre estaba cansado, y no podía jugar ni leer bien.

-¿Y los médicos se lo arreglaron? – preguntó una niña.

-No – contestó Ana-. El motor de la fábrica estaba roto del todo, y no lo pudieron arreglar.Hay muchas personas en el mundo que tienen el páncreas, la fábrica de cucharas de la barriga, estropeado. ¿Y sabéis cómo se llaman esas personas?

-¿Cómo?

-DIABÉTICAS. La enfermedad que estropea la fábrica de cucharas de la barriga se llama DIABETES.

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-DI-A-BE-TES – repitieron los niños.

-¿Pero entonces Mateo no se ha curado? – preguntó un niño.

-No. Pero los médicos encontraron una solución – contestó Ana.

-¿Cuál? – preguntaron los niños, curiosos.

-Pues…si la fábrica de Mateo no podía fabricar cucharas que repartieran comida por el cuerpo…¡serían los médicos los que fabricaran las cucharas especiales, y las meterían dentro de la barriga de Mateo!

-¡¡¡Hala!!! – los niños abrieron muchísimo los ojos por el asombro.

-Para eso los médicos fabricaron una medicina mágica que sirviera para meter las cucharas especiales de INSULINA en la barriga de Mateo. Y esa medicina tiene un ingrediente secreto. ¿Sabéis cuál es?  – preguntó Ana.

-¿Cuál?

-El VALOR.

-¿El valor?

-Sí. El valor, porque las personas que tienen este problema tienen que pincharse la medicina en la barriga todos los días.

-¿Todos los días? ¡Uf!

-Sí, todos los días. Y varias veces al día. Fijaos si hay que ser valiente para hacer eso. Pero para que Mateo no tenga que pincharse la medicina en la barriga tantas veces, ¡le han puesto una bomba en la barriga!

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-¿Una bomba en la barriga? ¿Puede explotar? – preguntaron los niños, con los ojos como platos.

-¡No, hombre, no! ¡No es una bomba de explotar! Es una bomba como un motor, que 20170518_222850empuja el líquido mágico dentro de la barriga de Mateo. Se llama BOMBA DE INSULINA. ¡Mateo os la puede enseñar!

Mateo enseñó a sus amigos el aparato que llevaba pegado a su barriga.

-¡Qué chulada! ¡Una bomba! – todos querían verla y tocarla.

-Pues esa bomba va llenando la barriga de Mateo, a la vez que de cucharas especiales, de valor. Mateo se va convirtiendo, poco a poco, en un superhéroe. ¡Y hay muy pocos superhéroes en el mundo! ¡Y vosotros tenéis la suerte de tener uno en clase!

-¡Hala! – todos los niños miraban asombrados a Mateo, que sonreía orgulloso.

-Sí, Mateo se está convirtiendo en un superhéroe que no le tendrá miedo nunca más a los pinchazos, y que de mayor será capaz de hacer cosas increíbles. Pero a la vez, Mateo necesita vuestra ayuda. ¿Queréis a ayudar a Mateo a seguir convirtiéndose en un superhéroe? – preguntó Ana.

-¡¡¡Sí!!! – gritaron todos.

-Pues tenéis que hacer una cosa muy importante: tenéis que convertiros en sus vigilantes.

-¿En vigilantes?

-Sí. Como los socorristas que vigilan a la gente en la playa, o como los espías. Tenéis que vigilarle muy bien, porque a veces la medicina de las cucharas no funciona bien del todo.

-¿Ah, no?

-No. A veces las cucharas se confunden, y no reparten bien la comida – explicó Ana.

-¿Y por qué pasa eso? – preguntó un niño.

-Porque las personas comemos tantas cosas y tan diferentes que, a veces, las cucharas de la medicina se hacen un lío. Y a veces reparten demasiada comida, y a veces reparten muy poca.

-¿Y entonces qué pasa? – preguntaron todos.

-Que la cabeza, los ojos, el corazón, los brazos y las piernas de Mateo no van a recibir la comida que necesitan, y van a tener hambre. Mateo estará otra vez demasiado cansado para jugar. No querrá leer. Le dolerá la cabeza. Estará muy raro, puede que se enfade, que se ponga a gritar, o que diga tonterías.

-Ah…

-Si Mateo se pone así de raro no es que esté enfadado con vosotros, o que no quiera jugar con vosotros. Es que su medicina no está funcionando bien. ¡Y tenéis que llamar enseguida a un profesor o a un mayor!

-¡Ah, vale!

-Ese mayor va a ayudar a Mateo. A veces le va a pinchar en un dedito, para sacarle una gotita de sangre y ver si las cucharas especiales están funcionando bien o no. La gotita de sangre se pone en un aparato que se llama GLUCÓMETRO, y que es un “microscopio” especial. Mirad, es como este -.Y Ana les enseñó un extraño aparato.

1-76-¡Qué chulo! – exclamó una niña.

-Si el microscopio especial, el GLUCÓMETRO, dice que las cucharas no están funcionando bien, y que la cabeza de Mateo, y sus ojos, brazos, piernas…están pasando hambre, Mateo tendrá que comer o beber enseguida un zumo, una fruta, una galleta… Cosas que su mamá ya le habrá preparado por si le falla la medicina – explicó Ana.

-¡Vale!

-Cuando Mateo vaya siendo cada vez mayor y con más poderes de superhéroe, él mismo se dará cuenta de cuándo la medicina no está funcionando bien; y él solito comerá y beberá para arreglarlo. Pero todas las personas DIABÉTICAS, que se tienen que pinchar medicina mágica en la barriga o que tienen una bomba de INSULINA como la de Mateo, necesitan tener cerca un vigilante o un espía; por si acaso un día no se dan cuenta de que la medicina no está funcionando bien.

-¿Y si ninguno nos damos cuenta de que la medicina de Mateo no está funcionando qué pasará? – preguntó un niño.20151023_135712_editado-1

-Pues que el cuerpo de Mateo se quejará muy fuerte, porque tiene mucha hambre. Mateo puede caerse al suelo y puede que sus brazos y piernas se empiecen a mover mucho, para llamar la atención. O puede que se quede desmayado, porque su cabeza se duerme de cansancio y no quiere trabajar más. Entonces todos os daréis cuenta enseguida de que la medicina no está funcionando, y tenéis que correr muy deprisa a avisar a un profesor o a un mayor. ¿Vale?

-¡Vale!

-¿Y sabéis qué otra cosa podéis hacer para ayudar a Mateo?

golosinas-¿Qué? – preguntaron todos.

-Pues vigilar que la comida que Mateo coma sea lo más sana posible. ¡Nada de chuches! Las chuches confunden muchísimo a las cucharas especiales, y hacen que la medicina funcione peor.

-Entonces no podemos comer chuches delante de Mateo, para que no le den ganas de comerlas a él también – propuso una niña.

-¡Eso sería estupendo, ¿verdad, Mateo? – preguntó Ana. Mateo dijo que sí con la alimentacionsaludablecabeza-. Vosotros no coméis chuches delante de Mateo, y Mateo os enseña qué comidas son las más sanas para todos. Porque Mateo se va a convertir en un especialista en comida sana.

-¡De mayor voy a ser cocinero! – dijo Mateo, muy contento.

-¡Claro que sí! ¡Y todos tus amigos te van a ayudar! ¡Un aplauso para Mateo, el superhéroe cocinero del colegio!

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