Boca torcida, mueve mal un brazo y una pierna…¡ICTUS!

20170201_234357-1.jpgUna tarde de viernes a los padres de Carla les surgió un compromiso, y Carla se quedó al cuidado de sus abuelos.

-Tengo que ir al centro social a una charla sobre problemas de salud en personas mayores – le dijo su abuela -. ¿Quieres venir conmigo o prefieres quedarte con tu abuelo en casa?

-¡Prefiero ir contigo, abuela! – contestó Carla, entusiasmada.

-Yo sé que vas a portarte bien y que no vas a interrumpir. Pero ¿no te aburrirás un poco? – le preguntó su abuela, un poco preocupada.

-¡No! ¡Me encantan las cosas de medicina! – contestó la niña, convencida.

Así que Carla acompañó a su abuela a una charla muy interesante impartida por un enfermero.

Ese enfermero habló sobre los problemas de salud más frecuentes en las personas mayores. A Carla le sonaba que se podían tener problemas de corazón (su abuelo había sufrido un infarto), problemas de azúcar (su profesor era diabético)… Pero ese día aprendió que también se podían sufrir problemas en el cerebro.

-Nuestro cerebro es el jefe del cuerpo. Es el ordenador que controla nuestro cuerpo, a través de una red de cables que es el “sistema nervioso”- explicó el enfermero. Carla asintió entusiasmada: eso lo habían estudiado en Naturales.ELECTRICO

-Cuando el cerebro está sano, el “ordenador” funciona correctamente – siguió el enfermero -. El cerebro da una orden y el resto del cuerpo le obedece. Podemos oír, ver, hablar, mover nuestros brazos y piernas, de forma correcta. Podemos mover la parte del cuerpo que queramos, decir las palabras que queramos, coger el objeto que queramos, mover los ojos hacia donde queramos. Y hacemos las cosas normales de la manera normal. Las personas que nos observan saben que todo va bien.

El enfermero miró a todos los presentes.

-Ahora mismo todo el mundo está actuando de una forma normal en esta sala, ¿no? No vemos a nadie hacer ni decir cosas raras, ¿a que no?

-No – contestaron todos.

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-Pero si el cerebro se pone enfermo de repente, puede quedar como aturdido, atontado. Puede olvidar qué tenía que hacer, o qué tenía que mandar hacer al resto del cuerpo. O puede dar órdenes equivocadas.

 

-Puede pasarle lo mismo que a un ordenador que se estropea o se “desprograma”: que cuando queremos que abra un programa, no nos obedece, o abre otro distinto. O cuando queremos que abra un video de repente se apaga la pantalla. ¿No? – preguntó un señor.

-¡Eso es!

-¡Pues a mi me pasa todos los días! ¡Qué horror! – exclamó el señor.

Todos se rieron.

-Estas cosas les pasan, por ejemplo, a las personas que sufren un fuerte golpe en la cabeza, tan fuerte que el cerebro también se lesiona – explicó el enfermero-.  Igual que si nos rompemos una pierna el dolor impide que podamos caminar bien, si nuestro cerebro se hace daño tampoco podrá funcionar bien.

-Claro, lógico – asintieron todos.

-También le pueden pasar esas cosas a las personas que tienen una enfermedad cerebral, la que sea. O a las personas que toman alcohol o drogas que afectan al cerebro. O las personas que sufren una gran bajada de azúcar, que es la “gasolina” del cerebro: sin su “gasolina”, el cerebro no tendrá energía para trabajar ni para dar órdenes al resto del cuerpo.

-¡A los diabéticos les puede pasar eso! – exclamó Carla, recordando lo que les explicaba su profesor.

-¿Y cuáles son los síntomas? ¿Cómo se comportan esas personas? – preguntó una señora.

-Pues hacen cosas raras. ¡Cualquier cosa! Cosas que a los que estamos mirando nos parecen extrañas, incorrectas, exageradas o fuera de lugar – respondió el enfermero-. Por ejemplo: dicen cosas muy raras. No contestan a las preguntas. O no recuerdan su nombre, dónde viven o quiénes son sus familiares. O les preguntas “¿qué hora es?” y te contestan “azul y rojo”. O intentan contestarnos, pero son incapaces de hablar con claridad, farfullan, o dicen las palabras al revés.

-¿De verdad? – a Carla aquello le parecía muy divertido.

20170201_234404-1-Sí. A veces tampoco obedecen las órdenes que les damos. Si les decimos “quédate sentado” se ponen a caminar. Si les decimos “tócate la nariz” se tocan la barbilla. Si les pedimos que miren fijamente nuestro dedo y lo vamos moviendo, no pueden seguir el dedo con la mirada.

-¿De verdad? –  Carla abría  los ojos como platos.

-¡De verdad! O pueden decirnos que de repente ven doble. O que todo les da vueltas. O que no ven nada, o que les zumban los oídos…O puede que empiecen a ver cosas o personas extrañas, que en realidad no están allí; o a oír ruidos extraños dentro de su cabeza, o a oler olores extraños que nadie más nota…

Carla no sabía si el enfermero les estaba tomando el pelo. ¿De verdad podían pasar todas esas cosas cuando el cerebro estaba enfermo?

-También puede pasar que les duela muchísimo la cabeza, más que nunca en su vida. O que de repente y sin estar enfermos del estómago se pongan a vomitar. O que tengan  mucho, muchísimo sueño. Que se vayan quedando cada vez más dormidos. O que de repente empiecen a mover una parte del cuerpo sin poder controlarla. O el cuerpo entero; y se caigan al suelo y tengan una convulsión, como si fueran epilépticos.

-O sea, que un cerebro enfermo o lesionado puede hacer un millón de cosas raras – concluyó un señor.

112-Pues sí. Así que ya sabéis: cuando veáis que una persona que siempre ha sido “normal” comienza DE PRONTO a comportarse de manera extraña, a decir o hacer cosas raras, ¡poneos en alerta! Puede estar sufriendo un problema en su cerebro. Dad la voz de alarma: avisad enseguida a alguien que pueda ayudaros, o llamad al teléfono de emergencias: el 112. Un médico o enfermero tiene que explorar a esa persona. Y si sospecha que sí, que algo le está pasando a ese cerebro, habrá que llevar a la persona enseguida al hospital.

Carla se quedó impresionada.

-Ahora vamos a hablar de una cosa muy concreta que le puede pasar a un cerebro. Una cosa que puede ocurrir sobre todo en personas mayores. EL ICTUS.

-¿El qué? – Carla nunca había oído esa palabra.

-Sabéis que el corazón, cada vez que late, manda sangre al resto del cuerpo. A todos los órganos, a todos los músculos. Y, por supuesto, también al cerebro. La sangre tiene que subir desde el corazón al cerebro, y lo hace viajando por unas “tuberías” o “vasos sanguíneos” muy importantes: las arterias que van por el cuello, las arterias carótidas. ¿Sí?

20170201_234802-1-¡Sí!

-Una arteria carótida, la izquierda, sube por la parte izquierda del cuello. La otra arteria carótida, la derecha, sube por el lado derecho del cuello. Cuando llegan al cerebro, las carótidas se dividen en arterias más pequeñas, las arterias cerebrales. Y esas arterias cerebrales llevan sangre a todo el cerebro. Las de la izquierda a la parte izquierda del cerebro; y las de la derecha a la parte derecha.

Todo el mundo entendía aquello.

-Una vez que el cerebro utiliza esa sangre limpia, la sangre “sucia” viaja de vuelta a través de las venas cerebrales. Y luego baja por las venas del cuello, que se llaman venas yugulares (la derecha y la izquierda). Y regresa al corazón.

-Pero ¿qué es un ic… un tis… eso que has dicho? – preguntó Carla, impaciente.

Un ICTUS es un problema en una de esas arterias o venas que llevan la sangre del cerebro. A ese problema también se le conoce como ACV, Accidente Cerebro Vascular (es decir, un “accidente” que le ocurre a un “vaso” del cerebro; a una arteria o a una vena). Estos “accidentes” son de 2 tipos fundamentales. ¿A alguien se le ocurre cuáles pueden ser?

-Que un vaso se rompa – aventuró un hombre.

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-Muy bien. Entonces tendremos un sangrado, una HEMORRAGIA CEREBRAL. ¿Y el otro?

-Que un vaso se obstruya – dijo una señora.

-Sí. Por un trombo o un coágulo de sangre. Si esto le ocurre a una arteria cerebral, entonces la parte del cerebro a donde esa arteria tenía que llevar la sangre ( la derecha o la izquierda, depende) no podrá recibirla. Y sufrirá un INFARTO CEREBRAL.

-¿Como los infartos del corazón? – preguntó la abuela de Carla.

-Lo mismo. En un infarto del corazón, una arteria coronaria se obstruye y una parte del corazón deja de recibir sangre. En un infarto cerebral, una arteria cerebral se obstruye y una parte del cerebro deja de recibir sangre.

-¿Y eso puede arreglarse? – preguntó otra mujer.herramienta-de-reloj-circular_318-59031

-Pues si detectamos enseguida que una persona está sufriendo un ictus, avisamos inmediatamente al 112 y a esa persona se le ponen los tratamientos necesarios y se le traslada al hospital cuanto antes, ¡EN MENOS DE 3 HORAS!, hay muchísimas posibilidades de poder arreglar un ictus. O al menos de conseguir que el daño que el cerebro está sufriendo sea lo menor posible.

-¿Y cómo reconocemos los síntomas de un ictus? – preguntó un hombre.

-Cuando veáis que una persona comienza a tener DE REPENTE, “sin venir a cuento”, cualquiera de los síntomas extraños de los que antes hablamos (dolor de cabeza muy intenso, vómitos sin estar enfermo del estómago, comportamiento extraño, palabras o contestaciones extrañas, convulsiones, desmayos, problemas de visión…), pensad que algo le puede estar pasando a su cerebro. Pueden ser un montón de cosas; pero entre ellas, también puede ser un ictus. Avisad inmediatamente al 112, para que venga enseguida un equipo sanitario a explorarle. Por si las moscas.

-Muy bien – dijeron todos.

-Pero hay unos síntomas muy concretos que nos tienen que hacer sospechar enseguida que esa persona puede estar sufriendo un ictus. Y además suele ser del tipo INFARTO CEREBRAL.

Carla no se perdía una palabra.20170201_234413-1

-Una mitad de nuestro cerebro da órdenes a una mitad de nuestro cuerpo. Y la otra mitad de nuestro cerebro da órdenes a la otra mitad de nuestro cuerpo – explicó el enfermero.

-Claro: la derecha a la derecha, y la izquierda a la izquierda – supuso Carla.

-¡Pues no! – le corrigió el enfermero, levantando las cejas -. El cerebro es el jefe del cuerpo; y como todos los jefes, tiene sus manías. La mitad derecha del cerebro ha decidido dar órdenes a la mitad izquierda de nuestro cuerpo. Y la mitad izquierda del cerebro ha decidido que dará órdenes a la mitad derecha de nuestro cuerpo.

-¡Vaya ganas las del cerebro de liar las cosas! – se rió Carla.

-Je je, pues sí… Ahora estad atentos. Cuando una arteria cerebral se obstruye y deja sin sangre la mitad del cerebro, esa mitad no podrá dar órdenes a “su” mitad del cuerpo. Y “su” mitad del cuerpo dejará de moverse correctamente.

-¡Anda, claro! – aquello sí tenía sentido, pensó Carla.

-Así que cuando veáis que una persona DE REPENTE no puede mover bien un brazo, ¡uno solo!, o una pierna, ¡una sola!, o el brazo y la pierna DEL MISMO LADO…o tuerce la boca para un lado y tiene dificultades para hablar, o se le cierra solo un ojo (porque el otro lado de la cara no le funciona bien)… ¡o todo eso a la vez!… tenéis que daros cuenta inmediatamente de que medio cerebro no está funcionando bien. Y la causa más frecuente de esa parálisis tan “extraña” es que una arteria cerebral se ha taponado, y ha dejado a medio cerebro sin recibir sangre.

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-¡Un infarto cerebral! – exclamó Carla.

-¡Sí! ¡Y hay que llamar inmediatamente al 112, porque esa persona tiene que ser trasladada rápidamente al hospital! ¡En menos de 3 horas! Pero ¿sabéis cuál suele ser el problema?

-¿Cuál?

-Que la gente que está mirando no suele darse cuenta de lo importantísimos que son estos síntomas. Piensan que será una parálisis temporal, que ya se le pasará. O que será por culpa de una mala postura, que “se le habrá dormido el brazo o la pierna”…Dejan pasar el tiempo, y sólo cuando ven que pasan las horas y que aquello no termina de quitarse, avisan al médico.

-¡Y entonces ya puede ser tarde para arreglar el ictus! – adivinó Carla.ictus-_xoptimizadax-490x578

-Exacto. Porque si pasan más de 3 horas, algunos de los tratamientos ya no son tan eficaces.

-¡Uf!

-¡No lo olvidéis! – insistió el enfermero -. Si veis que a alguien de repente se le paraliza un brazo o una pierna (o el brazo y la pierna del mismo lado), se le cierra un ojo y tuerce la boca para un lado (y además habla de forma extraña, porque tendrá media cara paralizada y solo le funcionará la otra media), ¡llamad inmediatamente al 112 y decid que creéis que esa persona está sufriendo un ICTUS!

Carla salió de aquella charla muy impresionada. Estaba segura de que jamás podría olvidar todo aquello.

Y muchos meses después, mientras Carla cenaba en casa de sus abuelos, de repente a su abuela se le cayó el tenedor de la mano derecha.

-¡Tranquila, abuela, yo te lo recojo! – dijo Carla enseguida.

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Pero al devolvérselo a su abuela se dio cuenta de que algo no iba bien.

-¿Qué te pasa en la cara, abuela? ¡Estás muy rara!

El abuelo la miró.

-Es verdad, Ana, tienes la cara torcida.

La abuela intentó contestar, pero las palabras le salieron embarulladas.

-¿Qué dices? – preguntó Carla, extrañada -. No te entiendo nada.

-Eso es que estás cansada. Como estuviste estos días con catarro… – dedujo el abuelo -. Déjame que te acompañe al sofá, y verás cómo enseguida te encuentras mejor.

Pero al tratar de ayudar a la abuela a ponerse en pie, se dio cuenta de que no movía la pierna derecha.

-Ana, ¿qué te pasa? ¿Por qué no caminas?

-Npdmvrlbrznlprna – trató de contestar la abuela, que les miraba angustiada.

-¿Qué?

-Qnpdmvrlbrznlprna.

-¡Que no puede mover el brazo ni la pierna! – tradujo Carla, asustada.

-¿Cómo? ¿Y por qué? ¿Se te ha dormido la pierna? ¿Y por qué hablas así? – preguntó el abuelo, extrañado.

-Nsssse, prnpdo… – la abuela intentaba hablar con claridad, pero su boca no le respondía.

-Bueno, anda, ven que te llevo a la cama – insistió el abuelo -. Una buena siesta y verás cómo mejoras.

Pero el cerebro de Carla funcionaba a toda velocidad. Una alarma comenzó a sonar en su cabeza mientras iba recordando.

-¡Abuelo, abuelo! ¡Es un ictus! ¡Tiene la boca torcida, y no puede mover ni el brazo ni la pierna derechas! ¡El brazo y la pierna del mismo lado! ¡Es un ictus, un problema en una arteria del cerebro!

-Pero ¿qué dices? ¿Os habéis vuelto todos locos en esta casa? – preguntó el abuelo, completamente perdido.

-¡Es un ictus! ¡Es un ictus! ¡Se tiene que intentar arreglar en menos de 3 horas! ¡No se puede perder tiempo! ¡Hay que llamar enseguida al 112! – gritaba Carla, cada vez más convencida.

-Yo no llamo a nadie, yo voy a acostar a tu abuela y si después de la siesta sigue encontrándose rara llamaremos al centro de salud…

-¡Que no, abuelo, que no! ¡Que esto es muy urgente! ¡Hazme caso, por favor!

-Carla, cálmate…

Pero Carla, al ver que su abuelo no entraba en razón, cogió el teléfono y marcó el 112.20151019_232451

Una voz contestó al otro lado del teléfono.

-1 1 2, ¿en qué puedo ayudarle?

-¡Mi abuela se ha puesto muy enferma, necesitamos una ambulancia enseguida! – contestó Carla.

-Dime de qué dirección me estás llamando y no te retires, te voy a pasar con los servicios sanitarios.

Carla les dijo su dirección entre las airadas protestas de su abuelo.

CCU - copia-Estás hablando con los servicios sanitarios – dijo otra voz -. ¿Dices que tu abuela se ha puesto enferma?

-¡Sí! ¡Yo creo que es un ictus! ¡Tiene la boca torcida, no puede hablar bien, y no mueve ni el brazo ni la pierna derechas! – contestó Carla enseguida.

-¿Cuántos años tienes?

-Nueve.

-Eso que me cuentas es muy serio. ¿Hay otra persona mayor con vosotros, además de tu abuela?

-Sí, está mi abuelo, pero no me cree…

El abuelo le arrancó el teléfono de las manos.

-¿A ver? No se preocupen, mi nieta ha llamado, pero esto no es una emergencia…¿Que qué le pasa a mi mujer? Que de repente se le ha torcido la boca, y no puede caminar…Sí, el brazo y la pierna derechas…No, no habla bien, no se le entiende…Pues tiene 75 años… ¿Que hace cuánto? Pues ahora mismo, hace 10 minutos…  ¿Cómo? ¿Que me mandan enseguida un médico a casa? ¡Pero si no parece grave…¿Que puede ser muy grave? Bueno, bueno, ustedes sabrán…

El abuelo miró a Carla, muy preocupado.

-Me dicen que sí, que puede ser eso que tú dices…

-¡Un ictus! – exclamó Carla.

-Sí, eso…que puede ser algo muy serio, y que mandan enseguida a un médico y una ambulancia. Que mientras tanto dejemos a tu abuela lo más quieta y tranquila posible. Hala, ayúdame a sentarla mejor…Tranquila, Ana, que ya vienen a ayudarnos…

-¡Tranquila, abuela, que te van a llevar al hospital enseguida y te pondrás bien! – aseguró Carla a su abuela -. Ya sé que tú también te das cuenta de todo, es lo que nos contó el enfermero aquel día, es justo lo que él nos explicó. Pero ya viene la ambulancia, tú tranquila, tú tranquila.

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En pocos minutos llegó la ambulancia con una  médica, una enfermera y dos técnicos que subieron enseguida. Le hicieron a su abuela todo tipo de pruebas y exploraciones, y al abuelo todo tipo de preguntas sobre las medicinas que tomaba la mujer, las enfermedades que tenía, si le había dolido algo estos días, qué estaba haciendo cuando todo ocurrió…

Al terminar la exploración la doctora les explicó:

-Efectivamente, parece que doña Ana acaba de sufrir un ictus. Y ha tenido mucha suerte de que se hayan dado cuenta y hayan avisado al 112 tan pronto. Porque vamos a llevarla enseguida al hospital, y allí están a tiempo de ponerle todos los tratamientos que se pueden poner. Y con un poco de suerte doña Ana se recuperará del todo, y podrá volver a hablar, a caminar y a moverse tan bien como antes.

-¿Es que si hubiéramos tardado más en llamar mi mujer se hubiera quedado así para siempre? ¿Sin poder hablar ni mover medio cuerpo? – preguntó tembloroso el abuelo, que comenzaba a entender la gravedad de lo ocurrido.

-Seguramente costaría mucho más que se recuperase – asintió la doctora.

El abuelo se echó a llorar y abrazó a Carla muy fuerte.

-¡Ay, Carla! ¡Ay, mi niña! ¡Ya lo decías tú y yo no te creía! Doctora, si no llega a ser por mi nieta…Yo creía que esto no era nada serio, pero ella insistía, insistía en que era un ictus…Fue ella quien llamó al 112…¡Ay, si no llega a ser por ella!

-¿Y tú cómo sabías que esto podía ser un ictus? ¡Es increíble que una niña tan pequeña sepa estas cosas! – le preguntó la médica, admirada.

-Fui con mi abuela a la asociación, a una charla que dio un enfermero sobre problemas de las personas mayores, y habló del ictus. Nos explicó que pasaba justo lo que le pasó a mi abuela. Y lo recordé – contestó Carla, tímidamente.

-Pues cuando tu abuela se mejore tiene que celebrar con una gran fiesta que tiene una nieta increíble. ¡Enhorabuena! – le felicitó la doctora.20170201_234424-1

Carla le dio un beso a su abuela, que la miraba muy agradecida. La ambulancia voló al hospital. El abuelo llamó enseguida a los padres de Carla y les contó la historia. Todos corrieron al hospital, donde los padres de Carla no podían creerse que su hija  hubiera sido capaz de entender que su abuela estaba sufriendo un ictus.

No siempre se llega a tiempo. No siempre se puedn solucionar por completo todos los ictus aunque se llegue a tiempo.

Pero en esta ocasión se llegó a tiempo, y se tuvo mucha suerte. Los tratamientos funcionaron. La abuela de Carla se fue recuperando lentamente. Pudo volver a hablar, a moverse y a caminar. Y todo gracias a una niña de 9 años que estuvo atenta el día en el que oyó hablar del ictus, y que tuvo el valor de llamar al 112 en contra de la opinión de su abuelo; porque estaba convencida de que tenía razón y sabía lo que debía hacer.

19.1

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