UNA LECCIÓN DE KARATE, UNA LECCIÓN DE VIDA

Ldiploma copia_editado-2ucas era muy deportista. Practicaba todos los deportes que se ponían a su alcance.

Pero su gran pasión, el deporte que más le gustaría practicar, era el karate. Trataba de aprender los movimientos viendo películas y después los practicaba frente al espejo de su casa durante horas. Sin embargo nunca había tenido la oportunidad de ir a una clase de verdad.

Por eso, cuando se enteró de que el premio de un concurso de redacción con el título “El deporte que siempre soñaste practicar” era precisamente ¡recibir una clase magistral de karate!, ¡y nada menos que con el campeón de karate de Europa y del mundo César Castaño!, se encerró en su cuarto y se puso a pensar. Se sentó, se levantó, se tiró en la cama, se comió la punta de 5 lapiceros. Pensó, pensó y pensó, poniendo en orden sus ideas. Y escribió su redacción con esmero y desde el corazón. La corrigió decenas de veces hasta que le pareció que realmente reflejaba lo que él sentía. La presentó al concurso, y fue incapaz de dormir de los nervios hasta el día del veredicto.

Y emocionó tanto al jurado que todos sus miembros lo tuvieron claro desde el principio. Y, claro está, logró ganar uno de los dos premios que el concurso otorgaba.

Y allí estaba Lucas, en el tatami, vestido con su karategui y dispuesto a disfrutar enormemente de esta gran oportunidad junto a Enrique, el otro chico ganador. ¡Cómo les temblaban las piernas! ¡Qué emoción!20151019_232529_editado-1

César Castaño, el campeón y profesor, les saludó y  comenzó con una breve explicación.

-Bienvenidos a esta pequeña clase. Como ya sabréis, “karate” viene del japonés y significa “camino de las manos vacías”. Es un arte marcial en el que se lucha sin armas: es nuestro cuerpo el arma que utilizamos para la defensa y el ataque. Pero es importante que comprendáis que el karate no es solamente un método de lucha. Es una filosofía de vida que nos ayuda a controlar nuestra fuerza y nuestros sentimientos; a utilizar nuestra energía interior para afrontar los retos diarios; nos enseña a conocernos y respetarnos a nosotros mismos y al adversario. El karate es un modo de vida: “un camino hacia la perfección”; y todo aquel que lo practica con sinceridad debe guiarse por unos principios fuertes y una actitud de cortesía y respeto dentro y fuera del tatami.

Lucas y Enrique, impresionados, asintieron con la cabeza.KU-kids-saludo

-Voy a enseñaros un kata, una secuencia de movimientos que reproducen los que se utilizarían en un combate real. Yo haré los movimientos y vosotros trataréis de repetirlos. ¡Rei!

Se saludaron inclinándose ante el profesor y  el uno ante el otro en señal de respeto. Julián se sentía como en un sueño. César comenzó a ejecutar el kata. El sensei se movía con seguridad y elegancia; marcaba los movimientos de un modo increíble. Lucas y Enrique se sentías torpes, y ni de lejos lograban la perfección que el campeón mostraba; pero disfrutaban con los ejercicios, y en los gritos al exhalar el aire (¡ kiai! ) liberaban toda su tensión.
20151019_232510Todo iba bien…hasta que, justo después de una serie de movimientos bastante intensos, Enrique se sintió un poco mareado. Se paró y se agachó para tratar de recuperarse; apoyó sus manos en sus rodillas, pero éstas comenzaron a doblarse…cayó de rodillas, luego de bruces… su cuerpo se agitó unos segundos e inmediatamente quedó inmóvil.  Lucas, pensando que se trataba solamente de un mareo, se quedó mirando a César sin saber muy bien qué hacer.

El sensei se dio cuenta enseguida de la posible gravedad de la situación. Inmediatamente se lanzó hacia Enrique y le puso boca arriba.

-¡Enrique! ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Estás bien? – le preguntó, hablando fuertemente y zarandeando al chico.

Enrique no contestó. Continuaba inmóvil. César se arrodilló a su lado y le puso una mano sobre la frente y la otra mano en el mentón. Extendió su cabeza hacia atrás y acercó su oído a la boca de Enrique.

-Oigo que hace un ruido extraño, como un ronquido, pero no me parece sentir que salga aire por su boca. No me parece que esté respirando con normalidad. Lucas, mira su pecho, pon una mano sobre su abdomen, mira a ver si notas movimientos de respiración.

Lucas lo hizo. Miró atentamente el pecho y la barriga de su compañero; pero no percibió movimiento alguno.

-¡No se mueve el pecho! ¡No respira! – gritó, aterrorizado.

20151019_232516César no perdió los nervios. Abrió el karategui de Enrique, dejando su pecho al descubierto. Arrodillado, pegando sus rodillas al costado del chico, colocó el talón de su mano en el centro del pecho de Enrique; exactamente entre los dos pezones. Colocó la otra mano sobre la primera, entrelazando los dedos. Se levantó de los talones, puso su espalda recta, estiró completamente los brazos y dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre el pecho de Enrique, comprimiéndolo una y otra vez bajo sus manos.

-Lucas, rápido, coge el teléfono y llama al 112. A la primera persona que atienda la llamada le dices que estás en el gimnasio TaoAstur de Gijón, y que se trata de una EMERGENCIA SANITARIA; que una persona acaba de sufrir una parada cardíaca y que necesitas hablar con PERSONAL SANITARIO inmediatamente.

Lucas echó a correr en busca de un teléfon
o. Temblaba tanto que no atinaba a marcar el 112. Al segundo intento lo consiguió.

-112 Asturias, ¿en qué puedo ayudarle? – le contestó inmediatamente una voz al otro lado del teléfono.

-¡Emergencia sanitaria! ¡En Gijón, en el gimnasio TaoAstur! ¡Un chico parece haber sufrido una parada cardíaca! ¡Necesito hablar inmediatamente con los sanitarios! – gritó Lucas.

-No se retire, le pongo al habla con los sanitarios inmediatamente – contestó el operador del 112. El teléfono quedó mudo unos segundos. Lucas miró desesperado a César, que continuaba comprimiendo el pecho de Enrique sin descanso.20151019_232451

-Tranquilo; están contactando con el SAMU, el personal sanitario. Cuando te pregunten, di que el chico se desplomó de repente mientras hacía deporte. Que no respira, y que hay una persona practicando RCP, reanimación cardiopulmonar – le explicó el maestro.

-Está hablando con el SAMU – escuchó Lucas que le decían a través del teléfono-. ¿Me está llamando de Gijón, del gimnasio TaoAstur?

-¡Sí! – gritó Lucas.

-¿Y dice que cree que una persona está sufriendo una parada cardíaca?

-¡Sí! ¡Un chico que hacía karate conmigo! ¡Se desplomó de repente, y ahora no respira!

-Chico, tranquilo, la UVI móvil ya está en camino – le dijo una voz diferente al otro lado del teléfono-. Ahora estás hablando con un médico. ¿Hay alguien allí que sepa hacer una reanimación cardiopulmonar?

-El profesor de karate está haciendo RCP – contestó Lucas, muy aliviado.

-Perfecto. No paréis en ningún momento de dar compresiones torácicas hasta que llegue la ayuda. En pocos minutos estarán allí. ¿Sabes si el chico tenía alguna enfermedad del corazón?

-No le conocíamos, no sabemos si estaba enfermo, no lo parecía.

-Muchas gracias por la información. Se la transmitiré inmediatamente al médico que va en la UVI móvil. ¡Continuad haciendo compresiones torácicas, no paréis a  o ser que el chico se mueva o notéis que tiene algún signo de vida!

Lucas colgó.

-Arrodíllate frente a mí – le ordenó César-. Yo me estoy cansando; tienes que darme el relevo durante un par de minutos. Has de hacer exactamente lo que estoy haciendo yo. Acerca tus rodillas a su costado, entrelaza tus manos, levántate de los talones, y cuando yo cuente 3 colocas el talón de tu mano donde yo tengo el mío, justo en el centro del pecho, entre los dos pezones, y continúas con las compresiones torácicas. ¿Preparado?

-Sí… -contestó Lucas, muy, pero que muy nervioso.

-Una…dos…¡y tres!

César se echó hacia atrás, cansado; y Lucas comenzó a dar compresiones torácicas. Las primeras no fueron demasiado profundas, tal era el miedo que tenía a hacerlo mal.

-Tienes que comprimir el pecho con más fuerza, tienes que dejarte caer sin miedo sobre tus manos – le corrigió César-. Y tienes que imprimir un poco más de ritmo. Hay que comprimir entre 100 y 120 veces por minuto. Sigue este ritmo: mil uno, mil dos, mil tres, mil cuatro. Así, eso es. Muchísimo mejor.

-He visto en las películas que hay que hacer el boca a boca – comentó Lucas, un poco más tranquilo al ver que estaba haciendo las cosas bien-. ¿No tendríamos que hacerlas?

-No, ya no están indicadas a no ser que los reanimadores sean sanitarios o estén entrenados en las técnicas de ventilación. Y mejor aún si además tengan mascarillas o sistemas para ventilar correctamente – le explicó César-. Ya he descansado. Venga; a la de tres cambiamos otra vez. Una…dos…y tres.

Y así continuaron, turnándose cada pocos minutos para lograr mantener unas compresiones de calidad.

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No habían pasado diez minutos (aunque a Lucas le parecieron una eternidad) cuando oyeron la sirena de la ambulancia.

-Voy a bajar corriendo a buscarles para traerles rápidamente hasta aquí. Lucas, sigue con las compresiones, no pares hasta que ellos lleguen y te lo indiquen.

César echó a correr. Lucas continuó con la RCP.

-Enrique, ya están aquí. Tranquilo, todo va a salir bien. ¡Ya lo verás!

César apareció corriendo, seguido de los sanitarios.

-No pares, chaval, sigue con las compresiones! ¡Están perfectas! – le dijo el médico mientras desplegaban todo el material sanitario. Cuando todo estuvo dispuesto, el técnico sustituyó a Lucas y continuaron con la RCP, utilizando aparatos, tubos y medicación. César y Lucas se apartaron y observaron el proceso un poco alejados para no molestar.

-¿Cómo sabías lo que había que hacer? – le preguntó Lucas a César.

-Cuando yo era pequeño, al abuelo de un compañero le ocurrió esto mismo mientras nos estaba viendo competir. Pero nadie sabía nada sobre reanimación cardiopulmonar; no se hizo nada hasta que llegaron los sanitarios, y para entonces ya era demasiado tarde – le explicó el sensei-.  Yo me di cuenta de lo importantísimo que era conocer las técnicas de primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar y desobstrucción de la vía aérea, y me prometí a mí mismo que si volvía a ser testigo de una emergencia, sabría cómo actuar. Realicé varios cursos de RCP según fui creciendo; y hoy he sido capaz de recordar los pasos a seguir ante una situación de parada cardiorrespiratoria.
DEA-niños copia_editado-1-¡Está en fibrilación ventricular! ¡Vamos a desfibrilar! – gritó el médico. Aplicaron unos parches sobre el pecho de Enrique y cargaron el desfibrilador. Una corriente eléctrica sacudió el cuerpo de Enrique, y su corazón recuperó el ritmo.

-¡Ha funcionado! ¡Su corazón está latiendo de nuevo! – exclamó el enfermero. César y Lucas se abrazaron emocionados.

Minutos después Enrique abandonaba el recinto en la camilla. El médico se acercó a ellos.

-Gracias a que habéis iniciado las compresiones torácicas en el primer minuto y a que habéis llamado rápidamente al 112, este chico se va a recuperar. Todavía le queda un largo camino, pero estoy seguro de que todo va a salir bien.

A veces se tienen experiencias o se aprenden lecciones que cambian la vida de las personas. A Lucas le ocurrieron ambas cosas aquel día. Aprendió que si algo se desea de verdad, desde el corazón, y se trabaja por ello, el deseo puede llegar a cumplirse. Aprendió que el karate no es sólo una forma de lucha, sino un camino de vida que requería principios, constancia y valor; y decidió tratar de seguirlo y ser digno de él. Vivió una situación de emergencia en la que una vida estuvo en peligro y que se salvó gracias a que otra persona se había preocupado de aprender a salvar vidas. Comprendió que a partir de ahora ya no podría seguir ignorando el hecho de que la vida de las demás personas podría estar en sus manos; aprendería primeros auxilios y técnicas de reanimación cardiopulmonar , y cuando presenciase una situación de emergencia estaría preparado para actuar rápidamente.

Había aprendido que con sus manos podía salvar vidas.19.1

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