HABÍA UNA VEZ UNA PERSONA MALITA, QUE NO PODÍA DESPERTAR

15.2

-¿Sabes qué, mami?

-¿Qué, Paula?

-Que ayer la abuelita de Marina se puso malita. Se quedó dormida y no se podía despertar.

-¡Vaya! ¿Y qué pasó después?

-Pues que la mamá de Marina llamó a una ambulancia y se la llevaron al hospital.

-¡Menos mal! ¡Espero que los médicos ya le estén curando!

-Oye, mami…

– Dime, mi amor.

-¿A ti te va a pasar eso alguna vez?

-¿El qué?

-Que te quedes dormida y no te puedas despertar.

-Pues no lo sé, cariño; espero que no… Pero oye, si me pasara ¿tú sabrías qué tienes que hacer?

-No…

-Pues mira, te lo voy a explicar. Si yo me pongo muy malita, o me encuentras muy dormida y no me despierto aunque me llames o me muevas muy fuerte, lo primero que tienes que hacer es ir corriendo a buscar a otra persona mayor.

-¿Pero y si papá no está? ¿O si estoy sola con la abuelita?

-Entonces tienes que salir corriendo a llamar a un vecino para que venga a ayudarte. ¡Pero acuérdate de dejar la puerta abierta, para que podáis volver a entrar los dos! Si no, me quedaré encerrada dentro y no me podréis ayudar.

-¿Y si están dormidos y no me oyen? ¿O y si no hay vecinos? La tía María vive en una casa lejos, y no tiene vecinos…

-Pues entonces tienes que llamar a un número de teléfono muy importante. ¿Sabes cuál?

-¿El de papá?

-No. Tienes que llamar al UNO-UNO-DOS, o ciento doce. El 112 es ese número grande y rojo que ves pintadas en las ambulancias, en los hospitales, en los centros de salud donde vamos a ver a tu pediatra… También está pintado en los camiones de bomberos, en los puestos de los socorristas…

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-¿Y por qué está pintado en tantos sitios?

-Porque si necesitas que venga un médico o una ambulancia, o un policía, o un bombero, tienes que llamar a ese número: al 112. Y la persona que te contesta te mandará la ayuda a donde tú le digas.

-¿La mamá de Marina llamó al 112?

-Pues seguro que sí, para que le mandaran una ambulancia que se llevara a la abuelita al hospital.

-¿Y por qué es el número 112?

-Porque es muy fácil de recordar. Mira: lo vamos a aprender jugando con los deditos. Estira un dedo de cada mano.

Paula extendió sus dedos índices. Mamá le pintó una carita triste en un dedo, y una carita sonriente en el otro.

-Un dedito está malito – y le levantó el dedo de la carita triste.

-Un dedito le quiere ayudar – y le levantó el dedo de la carita contenta.

-Un dedito y un dedito, dos deditos aquí llamarán – le adelantó el primer dedo, luego el segundo, y luego los dos a la vez.

-¿Lo ves? Un dedito y un dedito, dos deditos. UNO, UNO, DOS. Cuando la persona que te cuida se pone malita y no hay otra persona mayor cerca, tienes que llamar al UNO-UNO-DOS. Repítelo tú.

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Un dedito está malito. Un dedito le quiere ayudar. Un dedito y un dedito, dos deditos aquí llamarán. UNO, UNO, DOS – repitió Paula, haciendo los movimientos.

-¡Muy bien! – exclamó su mamá, sonriendo -. Y si la persona mayor que venga a ayudarte no sabe a qué número tiene que llamar para pedir una ambulancia, ¿qué le vas a decir tú?

-Que tiene que llamar al UNO, UNO, DOS – indicó Paula con sus deditos.

-Estupendamente bien. Pero aún nos falta otra cosa muy importante. ¿Se te ocurre qué?

-¿El qué?

-¿Y cómo van a saber el médico o la ambulancia, o el policía o los bomberos, dónde tienen que ir?

-¡Pues se lo decimos nosotros, claro!

-Claro. ¿Y tú sabes tu dirección? ¿Sabrías decírsela al señor del 112?

-Mmmmm…camino de… los lagos. No, el lago. No, los lagos…

-Vaya vaya, solo regular. ¿Qué numero?

-El 15.

-¿Qué piso?

-El…¿tercero?

-¿Seguro?

-¿El cuarto?

-No, despistada, el tercero. ¿Y qué letra?

-Eso me lo sé: la C de casa.

-¿Y qué ciudad?

-Gijón, que está en Asturias, que está en España.

-¿Y si estás en casa de la abuelita y es ella quien se pone malita? ¿O en casa de la tía María? ¿Sabes sus direcciones?

-No – contestó Paula, frunciendo el ceño. ¡Nunca se le había ocurrido aprenderse la dirección de los abuelos ni la de los tíos!

-Pues vamos a hacer algo para solucionar esto. Vamos a hacer unas tarjetas muy, muy grandes. Una para nuestra casa, una para la casa de los abuelos y una para la casa de los tíos. En cada una vamos a escribir las direcciones completas: calle, número, piso, letra y ciudad. Y las vamos a pegar al lado del teléfono. Y a abuelita y a la tía les daremos sus tarjetas el próximo día que las veamos y les diremos que las peguen también al lado de sus teléfonos.

-¡Vale! Así, si alguien se pone malito, yo puedo leer la dirección cuando el señor del 112 me la pregunte – dedujo Paula, más tranquila.

-Eso es. Vamos a escribir la nuestra.

Mamá cogió una cartulina muy grande y escribió esto:1606272_573539399434742_8032129263892195657_o copia

-Ahora ya lo sabes – le dijo a Paula -. Si los mayores nos ponemos muy malitos y no nos despertamos, o no podemos levantarnos para pedir ayuda, vienes hasta este teléfono y vas haciendo todo lo que pone en la hoja.

-Ir a buscar a un mayor y dejar la puerta abierta. Si no hay un mayor, llamo al uno, uno, dos; digo mi dirección, Camino de los Lagos número 15, piso tercero, letra C, en la ciudad de Gijón – recitó Paula, muy ufana.

-Eso es. Y otra cosa que tienes que saber: cuando llames al 112 vas a hablar con dos o tres personas diferentes. Es muy importante que contestes a todo lo que te pregunten, aunque te parezca raro o te lo pregunten varias veces. Estarán intentando saber qué está pasando exactamente, para mandarte la mejor ayuda posible. Te preguntarán que si nos hemos tropezado y caído, que si nos había dolido algo, que qué estábamos haciendo cuando nos pusimos malos: jugar, leer, cocinar…Además te darán instrucciones, como que intentes ponernos de lado, que mires a ver si hacemos ruido al respirar, que mires a ver si movemos los brazos o las piernas…¿De acuerdo?

-De acuerdo, mami –  contestó Paula, muy segura – . Ya podéis estar tranquilos. A partir de ahora, si os pasa algo, yo sabré qué tengo que hacer para salvaros la vida.

-¡Esa es mi campeona! – le dijo mamá, abrazándola muy, muy fuerte -. Vamos a cantar juntas una canción que tú conoces, la de “Había una vez un barquito chiquitito”. Pero le vamos a cambiar la letra. Será otra manera de aprenderte qué es lo que tienes que hacer.
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-¡Vale, mami! – ¡Y mañana se la enseñaré a los amigos del cole!

-¡Desde luego! ¡Ellos también tienen que aprender a salvar la vida de sus papás y de sus abuelitos!

19.1

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