EL SUPERPODER DE SALVAR VIDAS

Diego era un niño inquieto, con dificultades para atender en el colegio. TPORTADA DEFINITIVA copenía a padres y profesores desesperados. Porque lo que allí le explicaban no le interesaba en absoluto.

Y es que su mente se distraía con demasiada facilidad, y volaba una y otra vez hacia un universo diferente. Lleno de superhéroes, poderes especiales, luchas a vida o muerte…

El mayor anhelo de Diego, su sueño imposible, era tener un superpoder. No le importaba cuál. Algo que le hiciera ser un héroe, que le permitiera salvar a alguien. Como Superman, Spiderman, Batman…Quería marcar la diferencia, de tal manera que “si él no hubiera estado allí, aquella persona probablemente no lo habría podido contar”.

Pero claro, esto solo ocurría en los cómics. O en la imaginación. Por eso, por más que tratara de atender en clase, a los diez minutos la cabeza se le iba…

Hasta que un día tuvieron una clase diferente.

Les llevaron al gimnasio, donde había unos cuantos muñecos inquietantes repartidos en colchonetas. Eran torsos humanos, con una expresión a medio camino entre zombies y robots, con los ojos cerrados y la boca entreabierta…¡Uf, qué escalofrío!

Diego enseguida se dio cuenta de quién era la mujer que les hablaba. Era una “trans-bi-formadora”, una formadora-transformadora. Una clase de superhéroe que tiene la capacidad de transformar a las personas enseñando, dándoles formación. Pero las transforma para siempre. Ya nunca volverán a ser las mismas. Cuentan las leyendas que son muy pocos …que se esconden sobre todo entre los maestros auténticos, vocacionales (que a veces ni siquiera son profesores de colegio, sino que trabajan en las cosas más variadas)…que muy poca gente se llega a dar cuenta de que está delante de uno de ellos…IMG_6053

Pero Diego la reconoció, porque en cuanto ella empezó a hablar, su mente, por primera vez ,se quedó muy, muy quieta y atenta…

-Vuestras manos tienen un poder secreto, que poca gente conoce. Tienen el poder de salvar una vida. De conseguir que una persona con el corazón parado no cruce la línea hacia la muerte. Vuestras manos y vuestra energía pueden sujetarla, mantenerla justo en el filo, hasta que la ayuda médica llegue para traerla definitivamente de vuelta al lado de los vivos.

¿CÓMOOOO? ¿El poder de salvar una vida? ¡No, no podía perderse ni una sola palabra!

-Vamos a enseñaros cómo utilizar ese superpoder. Vamos a daros la fórmula secreta. Se llama RCP, Reanimación CardioPulmonar. Y ese superpoder se va a esconder en algún lugar secreto, a medio camino entre el cerebro y el corazón: justo donde la memoria y la razón se juntan con la emoción y la pasión. Y permanecerá dormido, inactivo, durante días, semanas, meses, tal vez años; quién sabe. Pero cuando llegue el momento del peligro, cuando una persona sufra una parada cardíaca delante de vosotros, vuestro poder despertará y sabréis qué es lo que tenéis que hacer.

Con aquella t20.1rans-bi-formadora Diego aprendió que una persona inconsciente es aquella que cae al suelo y no se mueve, no habla, no responde, no se queja  aunque la llamen, la muevan, la sacudan; ni siquiera si le hacen daño. Que la gente se queda inconsciente por muchas razones; la mayoría no son importantes y la persona se despertará enseguida; pero otras pueden ser muy graves; tanto que puede tardar mucho, mucho tiempo en despertarse. Y hasta puede no llegar a despertarse si no vienen los médicos a ayudarla.21.1

¿Y cómo avisar a esos médicos? Llamando al 112, al número de teléfono para las emergencias de toda Europa. ¡Pero cuidado, que lo que parecía una simple llamada también tenía sus trucos!

22.1 (2)

Aprendió que su padre roncaba cuando se quedaba dormido boca arriba porque su lengua se le caía hacia atrás, le tapaba la vía respiratoria y solo le dejaba un pequeño espacio libre; así que su padre metía mucho ruido al intentar respirar. Pero que una persona dormida no se ahogaba porque su cerebro le decía al cuerpo: “¡Eh, cuerpo, que te falta aire!”. Y el cuerpo cambiaba de posición y papá movía la cabeza, o abría más la boca, o se ponía de lado y seguía durmiendo. Pero que el cuerpo de una persona inconsciente no puede responder a las órdenes de su cerebro; y no podrá hacer ninguna de esas cosas.

IMG_6066Y la persona que se queda inconsciente boca arriba se puede morir ahogada porque no consigue que la lengua deje pasar el aire.

¡Con lo fácil que es poner a una persona de lado, aunque pese 200 kilos! Aprendió un truco para hacerlo: la POSICIÓN LATERAL DE SEGURIDAD; y así poder ayudar en adelante a quienes se quedasen inconscientes boca arriba y que respirasen roncando por culpa de su lengua.

Y la trans-bi-formadora les explicó también que a veces, aunque una persona parezca sana y fuerte, su corazón o sus arterias pueden tener alguna “pieza defectuosa” sin que nadie se haya dado cuenta. Y por eso hay corazones que de repente sufren un cortocircuito, como los ordenadores, los televisores o los teléfonos móviles. Y de golpe se apagan, se paran. Y esto le puede pasar a cualquier persona a cualquier edad.

Cuando esto ocurre, la persona se desploma de repente en el suelo. ¡Anda, igual que en un desmayo!, pensó Diego. Ah, no: parecido, pero con una enorme, importantísima diferencia. Que si una persona solo estaba desmayada, respiraría. Pero si su corazón estaba parado, dejaría de respirar.

Aprendió que tres cosas muy sencillas pueden salvar una vida: VER, OÍR, SENTIR. Para saber si una persona respira, primero extiendes su cabeza y levantas su barbilla: maniobra frente-mentón. Así su lengua se moverá y el espacio libre para respirar será mayor.22.1 - copia             r22.3

Si23.1 tras extender su cabeza VES que el pecho o la barriga de una persona inconsciente se mueve, si OYES cómo respira y si al acercar tu cara a la suya SIENTES que sale aire caliente, esa persona está respirando. Entonces hay 24.3que ponerla de lado, en posición lateral de seguridad, para que su lengua no caiga hacia atrás y le asfixie.

Si no lo ves, no lo oyes y no lo sientes, esa persona no está respirando. Y su corazón, posiblemente, se esté parando. Acaba de sufrir una muerte súbita.

Diego ya sabía que cuando un aparato electrónico se apaga de repente, alguna vez vuelve a encenderse solo; pero la mayoría de las veces tiene que venir un técnico a arreglarlo y encenderlo de nuevo. Y aprendió que lo mismo ocurre con un corazón que sufre un “cortocircuito”. Algunas veces un corazón que se para empezará de nuevo a latir sin ayuda. La persona se despertará y parecerá que solo se ha desmayado un ratito. Pero la mayoría de corazones que se paran necesitarán médicos con medicinas o aparatos que los arreglen y que consigan hacerlos funcionar de nuevo.

22El problema es que si los médicos tardan mucho, la energía de ese corazón parado se gastará muy rápido, como la batería de un coche cuando está mucho tiempo sin funcionar. Y si se gasta del todo, los médicos ya no podrán volver a poner el corazón en marcha.

¡No se puede dejar que un corazón pierda toda su energía! ¡Hay que hacer que se vuelva a mover enseguida, que se mueva sin parar!24.2

Y mientras los médicos llegan, solo los que hayan visto a esa persona desplomarse y logren despertar el poder que llevan dentro podrán salvarle la vida. Quienes se atrevan a ponerle las manos en el centro del pecho y a transmitirle su propia energía a través de ellas. Quienes tengan el valor de convertirse en el corazón de esa persona. Y den masaje cardíaco una y otra vez, sin parar, haciendo latir ese corazón estropeado hasta que llegue la ayuda.

Diego y sus compañeros aprendieron la teoría, aprendieron la técnica, practicaron con los muñecos-robots-zombies. Y para terminar, la trans-bi-formadora les encargó una misión.

-¡Enseñad a otros lo que habéis aprendido! ¡Extended la cadena de supervivencia! ¡Sus manos también pueden salvar vidas!

Diego salió emocionado de aquella clase, llevándose consigo el nuevo superpoder.

-¡Mamá, mamá, hoy he atendido en clase y he aprendido algo importantísimo! ¡Se llama RCP! – gritó nada más entrar en casa. Su madre se quedó tan impresionada por las palabras “he atendido” que casi no escuchó nada más.

-¡A ver, hijo, cuéntamelo enseguida!

Y Diego se lo contó. Y su madre también sintió cómo aquel poder se abría camino a través de ella y se quedaba agazapado entre su cerebro y su corazón.

Allí permaneció el superpoder de Diego, dormido, inactivo durante días, semanas, meses, esperando. Diego pensaba en él cada vez menos. Llegó a creer que había desaparecido. Y terminó por olvidarse de todo aquello.

Hasta que un día, jugando un partido de fútbol, Martín, su mejor amigo, cayó de golpe al suelo. Nunca había estado enfermo. No le había dolido nada. Pero de repente se desplomó.

-Martín, ¿has tropezado? ¿Qué te ha pasado? Vamos, levántate-le dijo su entrenador.

Pero Martín no se levantó. Ni siquiera se movió. Y el entrenador, un poco asustado, se acercó a él.

-¡Martín, Martín! ¡Despierta! ¡Vamos, despierta!- le insistió, sacudiéndole fuertemente.

Nada. Ni un movimiento, ni un ruido. Aquello no era normal. Un extraño zumbido comenzó a sonar en alguna parte de la cabeza de Diego.

-¡Ayuda, ayuda! ¡Hay un niño desmayado en el suelo! – gritó el entrenador, desesperado.

Dos profesores corrieron hacia él. Pero no supieron hacer otra cosa que mirarle, gritarle, sacudirle. El zumbido de la cabeza de Diego se hizo más y más fuerte. Un recuerdo estaba despertando…Martín está inconsciente…Hay que llamar pidiendo ayuda…tiene que llegar la ambulancia…

-¡Que alguien llame al 112! ¡Entrenador, tiene que llamar al 112 pidiendo un médico! – gritó.

El entrenador reaccionó por fin y echó a correr en busca de su teléfono móvil.

La cabeza de Diego seguía zumbando. Los recuerdos iban apareciendo cada vez con más fuerza. Una persona inconsciente puede respirar o no respirar…Hay que saber distinguirlo, porque en cada caso hay que hacer una cosa diferente…Si respira hay que ponerlo de lado hasta que llegue la ayuda…

-¡Hay que mirar si respira! ¿Está respirando? – preguntó Diego a los profesores, que le miraron con cara de “qué está diciendo este niño” y no supieron contestar.

Diego se acercó a Martín. “Para ver si respira levanto su barbilla”, “maniobra frente-mentón”, “VER, OÍR, SENTIR”; le indicaba el zumbido de su cabeza. Le echó la cabeza hacia atrás y acercó su mejilla a la boca de su amigo. “Por favor, que esté respirando. Por favor, que me eche el aire en la cara”.

Pero no vio que el pecho de Martín se moviera. No escuchó ruidos respiratorios. No notó aire caliente en la cara.

-¡No respira! – exclamó.

-¡Está muerto! ¡Está muerto! – comenzó a gritar un profesor. Todo el mundo perdió los nervios. Gritos, lloros, carreras, desesperación.

Y en medio de todo aquel caos, Diego miraba a su mejor amigo sintiendo que algo crecía en su interior y estaba a punto de estallar.

“Martín acaba de sufrir una muerte súbita. Su corazón se ha parado de repente. Si nadie lo mueve se gastará como la batería de un coche y los médicos no podrán arrancarlo de nuevo. Pero aún no es tarde. Yo puedo hacer algo. ¡Tengo que hacer que se mueva! ¡Tengo que ser su corazón!”24.1

Se arrodilló al lado de Martín, entrelazó sus manos y colocó el talón de la mano en el esternón de su amigo, exactamente en el centro del pecho, en el punto medio entre sus dos pezones. Se levantó de sus talones, estiró completamente los brazos y dejó que todo su peso cayese sobre el pecho de Martín, comprimiéndolo una y otra vez.

“Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez. Sístole-diástole, sístole-diástole. Cien veces por minuto”. Su mente y su corazón trabajaban juntos. Toda su fuerza, toda su rabia, todo su miedo, sus nervios, sus ansias, salían a través de sus manos transformados en energía, que entraba directa al corazón de su amigo. “Late, late, late. No te pares. Sigue latiendo. Hasta que llegue la ayuda. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez”.

-¡Luis, me estoy cansando! – avisó Diego a su compañero a los pocos minutos-. Tú también estuviste en clase aquel día; sabes cómo hay que hacer una RCP. Arrodíllate frente a mí y me sustituyes a la de tres. Una, dos, tres, ¡ya!

Luis y Diego se turnaron una y otra vez haciendo RCP. No pensaron siquiera en hacer el boca a boca, porque la trans-bi-formadora les había dejado muy claro que no debían dejar de dar masaje cardíaco ni un solo segundo para no perder el tiempo con el difícil boca a boca. Siguieron y siguieron, siguieron y siguieron. Cinco, diez, doce minutos.

Hasta que por fin oyeron la sirena de la ambulancia que llegaba al lugar. Cuatro personas bajaron corriendo cargados con maletines y aparatos. Uno de ellos se arrodilló inmediatamente al lado de Martín y comenzó a hacer el masaje cardíaco exactamente igual que ellos lo habían estado haciendo.

-¡Muy bien, chicos, ya podéis parar! ¡Ya seguimos nosotros! – les dijo el médico, mientras sacaban cables, tubos, agujas, medicinas y todo tipo de cosas.

Los dos amigos se apartaron. Alcanzaron a oír las palabras “está en fibrilación ventricular, hay que desfibrilar”, o algo parecido, antes de que los profesores se los llevaran al despacho del director.

Allí estuvieron mucho, mucho tiempo, abrazados, nerviosos, callados, esperando noticias. Les pareció que habían pasado horas cuando por fin la puerta se abrió y entró el médico.

-Quería deciros que vuestro amigo está vivo. Hemos conseguido que su corazón vuelva a latir. Me lo tengo que llevar al hospital porque hay que hacerle muchas pruebas, para saber qué es lo que le ha pasado, por qué su corazón se paró de repente. Pero está vivo. Y como habéis comenzado la RCP inmediatamente, estoy seguro de que se va a recuperar del todo.

Y luego el médico se dirigió a Diego.

-Me han contado lo que hiciste. Que fuiste tú quien dijo que había que avisar al 112, que fuiste quien se dio cuenta de que el chico no respiraba y que iniciaste el masaje cardíaco rápidamente. Quiero decirte que si tú no hubieras estado allí, tu amigo estaría probablemente muerto. Tú le has salvado la vida. Si no hubieras actuado, nosotros habríamos llegado tarde. Eres un héroe, chaval. Puedes estar muy, muy orgulloso.

Y mientras veía al médico marchar, mientras veía a la ambulancia salir con luces y sirenas hacia el hospital, mientras el director les metía en un coche y arrancaba tras la ambulancia, Diego notaba que su superpoder se iba apagando, que aquella intensa energía que le había invadido iba desapareciendo poco a poco, hasta volver a esconderse en alguna parte entre su cerebro y su corazón. Volvería a quedarse quieta, dormida, de nuevo esperando. Pero no desaparecería. Nunca. Nunca había desaparecido. Ahora Diego lo sabía. Una vez que el superpoder entra en tu cuerpo, nunca se va. Solo hay que recordar…

Y cuando llegaron al hospital, cuando la madre de Martín se lanzó a abrazarles llorando, dándoles las gracias por haber salvado la vida de su hijo, Diego comprendió que su sueño se había cumplido. Había marcado la diferencia. Si él no hubiera estado allí, su amigo probablemente no lo habría podido contar.

-Gracias, trans-bi-formadora – susurró emocionado-. Gracias por enseñarme RCP, por darme el poder de salvar una vida.

-De nada – le respondió ¿el viento? ¿una voz imaginaria? – Pero recuerda: ahora tu misión será convertirte tú también en trans-bi-formador. ¡Enseña a otros lo que has aprendido y extiende la cadena de supervivencia! ¡Sus manos también pueden salvar vidas!19.1

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3 comentarios sobre “EL SUPERPODER DE SALVAR VIDAS

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  1. Me parece maravilloso que desde las escuelas se enseñen estas cosas porque son igual que las matematicas , ciencia y todas las asignaturas que dan en los colegios, que es desde donde se debe concienciar a la gente para si hay un caso de emergencia sepa como actuar y no que muchas veces por querer salvar a una persona casi la matamos . explendido articulo.

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