EL MÉDICO DE LOS BULTOS (explicando el cáncer)

LISA

-Lisa, papá y yo tenemos algo que contarte.

Hacía varios días que Lisa sabía que algo no iba bien en casa. Sus padres hablaban en voz baja todas las noches, había visto llorar a su madre un par de veces, y en la última semana el teléfono no dejaba de sonar. Pero cuando les preguntaba qué pasaba no querían hablar del tema.

-¿Es por ese bulto que te ha salido en el pecho? ¿Por lo que has tenido que ir tantas veces al hospital? – preguntó.

Su madre se sentó con ella en brazos y la abrazó muy fuerte.

-Sí, cariño. He pasado estos días yendo a ver a diferentes médicos para que me pudieran estudiar ese bulto. Me han hecho muchas pruebas y análisis, y por fin saben lo que es.

-¿Y qué es?

-Mira, nosotros no te lo vamos a saber explicar bien del todo. Así que hemos pedido a uno de los médicos que te lo explique mejor. Vamos todos juntos a verle; y podrás preguntarle todo lo que quieras, ¿vale?

Una hora después Lisa y sus padres pasaban junto a un letrero que ponía  ONCOLOGÍA, y entraban en la consulta de un médico alto y fuerte, que se levantó sonriendo.ROBERTO

-Lisa, ¡buenos días! Es como si ya te conociera, porque tus padres no dejan de hablar de ti. Venga, siéntate.

Lisa se sentó un poco nerviosa.

-Yo me llamo Roberto – se presentó el médico -, y soy uno de los médicos que ha estado haciendo muchas pruebas a tu madre para ver qué le pasa. Te voy a explicar las cosas de manera  que me entiendas, ¿vale? Si no entiendes algo, me lo preguntas.

-Vale – aceptó Lisa, sentándose muy erguida: ¡que era ella la oyente principal!

-Bien. ¿Qué te ha contado tu madre? – preguntó el médico.

-Sé que le ha salido un bulto y que se lo tenían que mirar- contestó Lisa, nerviosa-. Y que ahora que ya sabían lo que era, tú me lo ibas a explicar.

-Eso es. Un buen día mamá, al ducharse, se dio cuenta de que le había salido un bulto en el pecho que antes no tenía. ¿Te lo ha enseñado?

-Sí, y lo he tocado. Es como una canica – contestó Lisa.

-Muy bien por tu mamá, por enseñártelo. Así será más fácil que lo entiendas. Pues sí, a las personas a veces les salen bultos en alguna parte del cuerpo. Unas veces la persona se da cuenta porque puede tocarlos, si salen en la piel o en el pecho, por ejemplo. Otras veces no se ven, porque están muy profundos, muy dentro del cuerpo; y los médicos los descubren mientras hacen pruebas a alguien que se puso enfermo.

-¿Y por qué salen esos bultos? – preguntó Lisa.

-Bueno, hay muchos tipos de bultos que pueden salir, y por muchos motivos. Por tantos motivos que tardaría varios días en explicártelos todos; pero en realidad no merece la pena. Sea cual sea el motivo, la cosa es que de repente aparece un bulto.

-Vale-se conformó Lisa.
BOLAS-Muchos de esos bultos no son importantes; pueden ser más o menos grandes, más o menos feos, pueden doler o molestar un poco, pero nada más. La mayoría de los bultos que le salen a la gente no tienen demasiada importancia. Algunos ni siquiera se tienen que quitar: la persona se queda con ellos para siempre, y no pasa nada. En cambio algunos bultos tienen que quitarse, porque si no seguirían creciendo y creciendo. Del tamaño de un guisante pasarían a ser del tamaño de una canica. Y luego de una pelota de ping-pong…

-¡Y luego de una pelota de tenis! ¡Y luego, de un balón de baloncesto! – se rió Lisa.

-¡Imagina! – contestó Roberto poniendo cara de susto-. Por eso hay que quitarlos antes de que lleguen a eso. Porque si no, la persona acabaría teniendo dolor o poniéndose enferma.

-¿Y cómo se sabe si se tiene que quitar el bulto o no? – preguntó Lisa.

-Pues el médico que haya encontrado el bulto, o el médico al que la persona le haya contado que le ha salido un bulto, pide análisis, radiografías y muchas otras pruebas, para poder saber si ese bulto es de los que pueden crecer demasiado o de los que no tienen importancia.

-Como las pruebas que le han estado haciendo a mamá…

-Eso es. Y si las pruebas demuestran que es de los que hay que quitar porque puede seguir creciendo y creciendo, entonces el médico manda a esa persona a mi consulta, para que yo estudie el bulto a fondo con más análisis y pruebas todavía.

-Entonces tú eres el médico de los bultos – concluyó Lisa.

-¡Ja ja ja ja! – se rió Roberto-. ¡Nunca me habían llamado así! Mira, esa es una definición estupenda. Eso es: yo soy el médico de los bultos. Para ser más exactos, de los bultos que crecen demasiado. Los médicos que estudiamos esos bultos nos llamamos ONCÓLOGOS“.

-Así que el bulto de mi madre es de los que crecen demasiado – aventuró Lisa.

-Sí. Es de esos bultos que es mejor quitar antes de que lleguen a ser del tamaño de un balón de baloncesto. Este tipo de bultos que no dejan de crecer tienen un nombre. Es un poco feo, pero lo tienes que conocer, porque a partir de ahora lo vas a oír muchas veces. Y así no tendrás la sensación de que te estamos contando las cosas a medias. El nombre que reciben los bultos que crecen sin control esTUMORoCÁNCER“.

Lisa se puso pálida. Ese nombre ya lo había oído alguna vez…

-Pero la gente se muere de cáncer…-susurró.

-A veces, cariño – reconoció el oncólogo -. A veces sí. Pero cada vez menos gente. Si descubrimos el cáncer a tiempo, cuando todavía es muy pequeñito, tenemos muchísimas armas para combatirlo. Y cada vez más y más personas se curan por completo.

-¿El de mi mamá se puede curar? – preguntó Lisa, con lágrimas en los ojos.

-Yo creo que sí. Lo hemos descubierto muy pronto, es muy pequeño, y vamos a atacarlo con todas las armas que tenemos. Pero tu mamá y yo no podemos vencerlo solos. Os necesitamos a tu padre y a ti.

-¿A mí? – se sorprendió Lisa.

-Sí. Es como si esto fuese una guerra, y ese bulto, ese cáncer que le ha salido a mamá, el enemigo que tenemos que combatir. Pero en una guerra no pelean solo dos soldados. Pelea todo un ejército, ¿no? – le preguntó Roberto.

-Sí…

-Pues tu madre y yo solos no podremos vencer al enemigo. Necesitamos a todo el ejército. Y ese ejército sois todas las personas que quieren a tu madre. Tu madre será el general, la que manda. Tu padre y tú seréis los capitanes, y estaréis en la primera línea del combate. Y entre todos tenéis que elegir al resto del ejército que queréis que luche a vuestro lado.

ejercito largo

-¿Y dónde buscamos los soldados? – preguntó Lisa con interés.

-Entre la gente que tenéis más cerca. Pueden ser familiares, pueden ser amigos; pueden tener cualquier edad; pueden ser muchos o pocos…Sólo hay 3 condiciones. ¡Apunta! – pidió Roberto.

Le acercó a Lisa papel y bolígrafo, y ella, muy atenta, se preparó para apuntar.

-La primera condición: que de verdad os quieran mucho a los tres. La segunda condición: que acepten que en esta guerra hay solo un general y es tu mamá: es la persona más importante y la que tiene que dar las órdenes. ¡No vayan a querer mandar ellos! Y la tercera condición: que estén convencidos de que esta guerra la vais a ganar, y que procuren estar alegres y de buen humor . Porque una guerra puede durar mucho tiempo, y mamá a veces va a estar triste o asustada. Hay días en los que va a estar cansada, sin fuerzas, sin energía. Y no queremos que las personas que vayan a verla le contagien todavía más tristeza y miedo. Queremos que le contagien fuerza y energía positiva, para que pueda pelear mejor. ¿Lo tienes?

-Sí.

-Pues te hago la encargada de la selección de soldados – le ordenó Roberto -. Porque los niños siempre adivináis las intenciones y los sentimientos de la gente. Si te das cuenta de que alguna persona, ¡aunque sea de la familia!, un día viene a veros y no cumple las tres condiciones, debes dar la voz de alarma: “¡Capitán, este soldado hoy viene cargado de emociones negativas! ¡General,  este otro quiere hacer las cosas a su manera y no a tu gusto! ¡No debemos permitir que hoy participen en la batalla!”. Y tus padres sabrán cómo decirles cariñosamente que vuelvan otro día que traigan más ganas de luchar.

-¡Vale! – exclamó Lisa, entusiasmada.

-Bien – continuó el oncólogo-. Lo siguiente que tenemos que hacer es entender bien en qué va a consistir la guerra, qué armas vamos a usar contra el enemigo. Voy a explicarte qué tratamientos va a recibir mamá para poder curarse. Todos tienen cosas buenas y cosas malas. Y debes conocerlas para estar preparada cuando ocurran.

ARMADOSARMAS TERAPEUTICAS

-Vale. Voy a apuntarlo todo para no olvidarme de nada – Lisa cogió de nuevo el boli.

-Me parece muy bien – aprobó el médico -. Antes de nada quiero que toda la familia entendáis una cosa. Cada persona tiene un bulto diferente. Y cada persona es diferente, y tiene a su lado un ejército diferente. Lo que significa que a cada persona se le pondrán unos tratamientos diferentes, o en un orden diferente. No quiero que comparéis vuestra guerra, o vuestros tratamientos, con los de ninguna otra persona que conozcáis o que os quiera contar que también ha tenido un cáncer. Lo que funciona para unos no funciona para otros, aunque de entrada parezca que el cáncer es el mismo. ¿Lo habéis entendido todos?

-Sí- contestaron los tres.

EMOCION-Y me gustaría pediros otra cosa. Esta va a ser una guerra larga. Y, como en todas las guerras, habrá momentos de miedo, de dolor, de pena, de rabia, de enfado. Muchas veces tendréis ganas de gritar, de llorar, hasta de dar patadas o puñetazos a la pared o al suelo. Quiero que entendáis que es normal. Y que es necesario. Hay que sacar todas esas emociones afuera. A lo mejor lo hacéis solos, cada uno en su habitación, cuando nadie os vea. O a lo mejor lo hacéis todos juntos y abrazados, hablando y llorando mucho. O lo hacéis delante de algún amigo. Cualquier manera de hacerlo estará bien. Pero hacedlo, sin miedo y sin vergüenza. No dejéis esas emociones negativas dentro de vosotros, porque entonces no permitirán que vuestra energía y vuestra fuerza interior salgan y ayuden a mamá. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

 

-Bueno. Ahora vamos al grano. Lo primero que vamos a hacer es quitar el bulto a tu madre. Es decir: la vamos a operar. Vamos a hacerle una CIRUGÍA.

-¿Cuándo? – preguntó Lisa, preocupada.

-En cuanto podamos, dentro de unos días. Los médicos que operan, que se llaman CIRUJANOS,  la van a llevar a un quirófano, la van a dormir para que no le duela nada  y van a asegurarse de quitarle todo el bulto. Mamá tendrá que pasar unos días en el hospital; y cuando vuelva a casa tendrá una herida un poco fea. Puedes mirarla o no mirarla; como tú quieras; pero no te asustes, porque, por más fea o grande que te parezca, poco a poco se irá curando y lo único que le va a quedar será una cicatriz de recuerdo.

QUIROFANO

-Puff – a Lisa no le apetecía nada ver aquello.

-A veces el bulto es demasiado grande; y para quitarlo hay que quitar también un trozo bastante grande del pecho – Lisa puso tal cara de espanto que Roberto se apresuró a continuar – ¡No te asustes! No pasa casi nunca; pero cuando pasa, más adelante se puede hacer otra operación para arreglarlo y dejarlo tan bonito como antes.

-Bueno…-Lisa no estaba demasiado convencida.

-Lo que sí quiero es que sepas que mamá pasará varios días con molestias y algo de dolor. Y cuanto menos se mueva y menos esfuerzos haga, antes se curará. Aquí tu labor y la del resto del ejército será muy  importante. Tenéis que ayudar a mamá todo lo que podáis, y tú tienes que hacer todo lo que mamá o papá te pidan. ¿Vale?

-Vale.

-Bien. Cuando mamá se recupere de la operación, pondremos  los demás tratamientos. 4 fantasticos¡Porque todavía nos quedan muchas armas en el almacén para esta guerra! Por ejemplo: ¿has visto la película de Los 4 Fantásticos, o has leído los tebeos? Los protagonistas eran unas personas normales que de repente reciben radiactividad y se transforman en superhéroes.

-¡Uy, sí! – exclamó Lisa, entusiasmada-. Míster Fantástico, La Chica Invisible, la Antorcha Humana y La Cosa.

-¿Y a que no les dolió recibir la radiación?

-No – recordó Lisa-. Ellos iban tan tranquilos en su nave y de repente les atravesó la radiación y ya tuvieron poderes.

-Pues a lo mejor tu mamá tiene que recibir un poco de esa radiación que no duele para transformarse en una superheroína.

-¡Hala! ¿Sí? ¡Qué guay! – se entusiasmó Lisa.

-Ya ves. Esa radiación se llama RADIOTERAPIA. Y servirá para destruir por completo cualquier mínimo trocito de bulto que quede después de la operación. Y a partir de entonces tendrás que estas atenta, porque tal vez notes que mamá se empieza a convertir en alguien un poco diferente.

-¡Pero no se transformará en algo como La Cosa, ¿no? – se asustó Lisa.

RADIOTERAPIA-¡Cielos, espero que no! – exclamó Roberto, muerto de risa-. ¡A mí nadie se me ha transformado en algo así, y si veo a La Cosa entrar a mi consulta me moriré del susto! No; la transformación de mamá será menos espectacular que la de los 4 Fantásticos; porque ellos recibieron muchísima radiación en todo el cuerpo, y mamá va a recibir sólo una poquita y justo en la zona donde tenía el bulto.  No tendrá poderes como los de los superhéroes; pero sí que puede desarrollar habilidades que antes no tenía.  Por ejemplo, la habilidad de reírse de cosas que antes le preocupaban.  O la habilidad de no enfadarse nunca más con tonterías. O la capacidad de encontrar todo el tiempo del mundo para estar contigo y papá.

-¡¡¡Qué bien!!! – aplaudió Lisa. ¡Yo quiero que tenga que recibir esa radioterapia!

-Tú tranquila – se rió Roberto-. La transformación de mamá va a comenzar en cuanto le quitemos el bulto, y notarás muchas de esas cosas aunque no tenga que recibir radioterapia. Sigamos con otra de nuestras armas para curar a mamá. ¿Estás atenta?

-¡Sí! – exclamó Lisa, cada vez más interesada.

-Esta es un poquito más difícil de entender: a ver si te lo sé explicar…- el médico se quedó pensativo -. ¿Has ayudado alguna vez a  quitar las malas hierbas o a arrancar alguna planta en un jardín?

-Si-respondió Lisa-. Mi tío vive en el pueblo y a veces le ayudo en la huerta.

-¿Y alguna vez os pasó que tu tío arrancara una planta pensando que la había quitado toda y pasado un tiempo volvieran a aparecer brotes?20151104_142148

-¡Sí! – recordó Lisa-. Una vez arrancó una planta que tapaba el muro. Tenía un tronco tan gordo que tuvo que usar un tractor para poder sacarlo. Dejó un agujero enorme en el suelo, y yo le ayudé a rellenarlo de tierra. Y en verano volvieron a salir ramitas; resultó que habían quedado semillas enterradas en el suelo, o algo así; y volvieron a crecer…

-¡Uy, qué buen ejemplo me acabas de poner! – exclamó Roberto, frotándose las manos-. ¿Y cómo lo arreglasteis?

-Pues…creo que mi tío echó un líquido en la tierra para arrancar las malas hierbas que habían salido y matar todas las semillas que pudieran quedar, para que no volviera a pasar.

-Pues eso es exactamente lo que vamos a hacer con tu madre. Imagina que el bulto, el cáncer, es como una planta que hemos arrancado con la operación. El cirujano cree que la ha quitado entera. Y además, para asegurarnos, le damos la radioterapia, la radiación que no duele y que destruye todos los restos.  Pero a veces, algunos bultos se comportan como la planta de tu tío, y sueltan “semillas” invisibles que se esparcen por varios lugares. Y si no nos damos cuenta, de esas “semillas” crecerán nuevos bultos.

-¿Y entonces qué hacemos? – preguntó Lisa.

MALAS HIERBAS-Pues cuando los análisis nos dicen que el bulto arrancado es de los que pueden haber  “soltado semillas”, echamos un líquido para matar esas “semillas” que a lo mejor andan por ahí. Nuestro líquido “matasemillas” se llamaQUIMIOTERAPIA”.

-Ah…

-Como no sabemos por dónde pueden andar las semillas, lo que hacemos es meter ese líquido “matasemillas”, la quimioterapia, en la sangre de mamá, a través de un pinchacito en una vena.  Y como la sangre recorre todo el cuerpo, el líquido  “matasemillas” viaja por todos los rincones del cuerpo matando las semillas que puedan estar escondidas.

-¡Qué fuerte! – se estremeció Lisa.

-Sí. Y además, para asegurarnos de que matamos todas las semillas, repetimos esa quimioterapia unas cuantas veces. Por eso mamá tendrá que venir al hospital de vez en cuando durante varios meses.

quimioterapia

-¿Y ese líquido duele? – preguntó Lisa, preocupada.

-No, poner la quimioterapia no tiene por qué doler. Pero puede dar algunos problemas. Es un producto muy fuerte, que mata las semillas malas, pero que a veces deja a las personas un poco débiles. No a todas, ¿eh? Hay personas que casi no se enteran. Pero otras pueden ponerse malas, como si tuviesen una especie de gripe. Mamá podría tener ganas de vomitar, o diarrea, dolor de cabeza o de barriga…Habrá días que tendrá que meterse en la cama porque estará muy cansada…A lo mejor hasta tiene que ir alguna vez al hospital porque tiene fiebre…Tendrá unos días un poco peores; y luego poco a poco se irá encontrando mejor.

-Pobrecita mamá…-Lisa miró a su madre con una enorme pena.

-Sí, esta parte es la peor – asintió el médico -. Pero ya te digo, no le pasa a todo el mundo. Hay muchas personas que solo están un poquito más cansadas de lo normal, pero nada más.

-Ojalá mi mami sea de esas-deseó Lisa.

-Ojalá. Pero por si acaso tu mamá es de las que se pone algo enferma de vez en cuando, quiero que recuerdes un par de cosas. Prepara otra vez el boli.

-Ya está.

-Es importante que entiendas que, si mamá se pone algo mala, no significa que esté “peor del cáncer”, como puede que oigas comentar a alguien. Sólo significa que el “matasemillas”, la quimioterapia, está haciendo su trabajo y buscando por todo el cuerpo si alguna semilla mala se soltó, para matarla. Tienes que saber que todo esto es normal, y que es parte del proceso de curación. ¿Vale?

-Vale.

-También debes saber que estos meses, los de la quimioterapia, son los más largos y difíciles para todos. Y en este tiempo el ejército es más importante que nunca.

-¿Ah, sí?

-Sí. Mamá recibe quimioterapia un día. Y dejamos pasar unas semanas. Durante esas semanas puede estar cansada y sentirse enferma. Poco a poco se sentirá mejor. Y cuando ya se encuentre bien del todo…¡zas!, otra dosis de quimioterapia. Y vuelta a empezar. Y así varias veces.En total van a ser 3 o 4 meses en los que mamá puede sentirse más enferma, más cansada, más triste…Tendrá que descansar y dormir todo lo que pueda, para poder luchar con más energía. Papá y tú tendréis que cuidarla todo lo posible y ayudar mucho en casa.

-Vale – se comprometió Lisa. ¡Aunque sabía que le iba a costar un poco!

-Y tendrás que estar muy atenta para que todas las personas que vayan a visitar a mamá lo hagan cargados de fuerza y energía positiva, para que se la puedan contagiar y ayudarla en la lucha.

-De acuerdo.

-Además la quimioterapia tiene a veces un efecto muy curioso, que tienes que conocer para que no te asustes si ocurre – anunció Roberto -. Hemos dicho que funciona como el líquido que arrancaba las malas hierbas en el jardín, ¿no?

-Sí.

-¿Y qué hay en nuestro cuerpo que es fino y largo como una hierba?

MUÑECA

-Mmmmmmmmmm… ¡El pelo!

-Exacto, el pelo. La quimioterapia puede arrancar el pelo de mamá. El de la cabeza, el de las cejas, el de los brazos…¡Todos los pelos del cuerpo!

-¡Hala! ¿De verdad? – se sorprendió Lisa, abriendo unos ojos como platos.

-Sí. A veces no se cae ni un solo pelo. Pero otras veces uno se va encontrando pelos por todas partes. En la almohada, en la ducha…Y un buen día la persona se despierta sin pelo. Ni en la cabeza ni en las cejas.

-¡Pero estarán feísimos! – exclamó Lisa, mirando a su madre y tratando de imaginársela calva y sin cejas.

-No están feos, solo están diferentes – opinó Roberto -. ¡El mundo está lleno de personas sin pelo que no nos parecen feos en absoluto! Ni siquiera nos fijamos en ellos. Lo que se nos hace raro es que una persona que un día tenía mucho pelo de repente no tenga nada. Pero esto no dura para siempre. En cuanto se termine la quimioterapia el pelo volverá a crecer.

-¿Y esa gente qué hace mientras tanto? – preguntó Lisa, llena de curiosidad.

MUÑECA2-Pues depende de cada uno…Hay personas a las que no les importa quedarse sin pelo, y salen a la calle sin problemas. Otras personas se ponen un pañuelo, una gorra o un sombrero. ¡Sobre todo porque tienen más frío en la cabeza! Y otras se ponen peluca. Hay quien se pinta las cejas, otros no. Cada cual a su gusto.

-Mami, ¿y tú qué te pondrás si se te cae el pelo? – le preguntó Lisa a su madre.

-Pues…yo creo que una bonita peluca o un pañuelo de colores- le contestó su madre-. ¡Pero tengo que pensarlo!

-¿Podemos elegirlos entre las dos? – le pidió Lisa.

-Claro; y además se me ocurre una idea. Las dos podemos ponernos un mechón de pelo de un color divertido: rosa, azul, morado…Yo en la peluca y tú en tu pelo. Y nos lo quedaremos hasta que me vuelva a crecer mi pelo. ¿Qué te parece? – preguntó la madre.

-¡Genial! – contestó Lisa-. ¿Podemos ir esta tarde a comprarla?

PELUCA

-¡No te precipites en dejar calva a tu madre, que a lo mejor ella es de las que se quedan con todo el pelo! – señaló Roberto, divertido.

-Ah…-¡a Lisa casi le daría pena!

-Lisa, podemos ir mirando pelucas y pañuelos, para tenerlos elegidos por si se me empieza a caer el pelo – sugirió su madre.

-Vale – se animó Lisa.

-Y con esto se acabó lo difícil – dijo Roberto-. A partir de entonces mamá solo tendrá que tomar MEDICAMENTOS (eso sí, durante mucho tiempo, ¡durante años!) y venir al hospital de vez en cuando a verme, para ver cómo va todo y asegurarnos de que no aparecen nuevos bultos por ningún sitio.

medicamentos

-¡Bien! – aplaudió Lisa.

-¿Crees que lo has entendido todo? – le preguntó el oncólogo.

-Creo que sí.

hospital-Pues entonces estupendo. Tu madre y yo nos vamos a ver muchas veces en estos meses. Recuerda que mamá tendrá que venir muchas veces al hospital: primero para quitar el bulto, luego varias veces para ponerse la radiación invisible, varias veces también para ponerse el líquido “de las malas hierbas”, y unas cuantas veces para hacerse pruebas y análisis para ver qué tal van las cosas. Y si alguna vez está demasiado cansada o tiene mucha fiebre, también tendrá que venir al hospital para que le ayudemos un poco más. Y todo esto será normal, no te tiene que asustar. ¿Te acordarás?

-Sí.

-Y si estás sola con mamá y ella te dice que se encuentra mal y que cree que necesita venir al hospital, y no está papá para traerla, tú puedes llamar a un número de teléfono para pedir que vaya un médico a casa a verla, o una ambulancia para traerla al hospital. ¿Sabes qué número es ese?

-El 112.21.1

-Muy bien – aplaudió el médico -. Cuando llames y te pregunten qué está pasando, tendrás que contestar que tu mamá ha tenido un bulto en el pecho, que se lo han quitado, que le han puesto “radioterapia” y “quimioterapia”. Y que ahora se encuentra mal. Cuando se ponga un médico le dices qué es lo que le ocurre: que tiene mucho dolor en alguna parte, que tiene mucha fiebre, que está vomitando…lo que sea. Y el médico del 112 sabrá si tiene que mandar a otro médico a casa o si será mejor traerla en ambulancia al hospital. ¿Vale?

-Vale.

-Y siempre que tengas alguna pregunta puedes llamarme o venir a verme, y hablaremos de todo lo que quieras. ¿De acuerdo?

-¡De acuerdo!

Lisa abrazó a Roberto y salió de la consulta de la mano de sus padres, sintiéndose mucho más tranquila. Ya no tenía tanto miedo. Estaba segura de que iba a ser de gran ayuda para su madre en esa guerra que estaba a punto de empezar. Sabía todo lo que iba a pasar; sabía qué tenía que hacer; y sabía que no iba a estar sola. Siempre iba a poder contar con el “médico de los bultos” ,y con las personas del 112 si estaba sola en casa.

-¡Puedes estar tranquila, mamá! ¡Vamos a formar el mejor ejército para ti! ¡Todo va a salir bien, ya lo verás!

Y  Lisa se convirtió en el mejor soldado del mundo. Buscó un ejército fuerte y valiente de familiares y amigos, y estuvo siempre alerta para detectar a las personas con energía negativa. Ayudó a su madre en todo y procuró no molestarla cuando descansaba. Se atrevió a mirar la herida (que era menos fea de lo que se había imaginado) y hasta ayudó alguna vez a curarla. No tuvo miedo cuando vio a su madre vomitar o marearse alguna vez. Explicó cómo eran las cosas a las personas que, asustadas, no entendían muy bien lo que estaba pasando. Una vez que su madre se puso con fiebre le recordó a su padre que podía llamar al 112 para pedir consejos al médico.

Y un día, cuando ya se habían terminado las sesiones de radioterapia y quimioterapia, Lisa fue con su madre a visitar al “médico de los bultos”. En cuanto vio a Roberto, le echó los brazos al cuello y le susurró:

-¡Tenías razón! ¡Mi madre se ha convertido en una mamá mucho más especial! ¡Se ríe mucho más, está mucho más tiempo conmigo y ya no se enfada casi nunca!

los-increibles-wallpaper-09-Ya te lo dije – sonrió Roberto-. Todos los superhéroes tienen que pelear duro y pasarlo mal alguna vez. Pero si vencen, se transforman en personas geniales.

-Pero sin la ayuda de Lisa yo no lo hubiera conseguido tan fácilmente – dijo su madre, orgullosa-. ¡Ella también ha sido una pequeña heroína! ¿Verdad?

-¡Y tanto! – asintió Roberto-. En realidad os habéis convertido todos en una familia de superhéroes, ¡como Los Increíbles!

-Oye, tú tienes mucha suerte – le comentó Lisa, pensativa-. Porque tú conoces a un montón de personas que se han convertido en superhéroes, ¿verdad?

Roberto se echó a reír.

-¡A muchísimas! En realidad las calles están llenas de superhéroes; lo que pasa es que muchos van de incógnito, y nadie se da cuenta. Pero yo conozco a un buen puñado de ellos.¡Ya ves, yo tengo uno de los mejores trabajos del mundo!

 

19.1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TU HERMANO ES UN ÁNGEL DE LUZ

(Este no es un cuento para enseñar a los niños a salvar vidas. Es un cuento para agradecer a un niño que acaba de volar al cielo todo el amor que ha dado, todas las lecciones que ha enseñado y todas las vidas que se van a salvar gracias a él. Es un cuento para que una bebé sepa, cuando sea un poco más grande, que su hermano es un maravilloso ángel de luz que la cuida desde el cielo.)

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Érase una vez una niña que debía nacer. Porque era una niña muy especial, que tenía que cumplir una importantísima misión en la Tierra. Estaba destinada a hacer grandes cosas, a cambiar las vidas de muchas personas.

Pero no quería nacer. Estaba asustada. Veía que en la Tierra había violencia, mentira y egoísmo. Tenía miedo de ser recibida por personas que no la comprendiesen, que no la amasen, que le hiciesen daño, que no le ayudaran a llegar a ser la mujer mágica y maravillosa en que debía convertirse.

Su hermano de alma, un ángel de luz que siempre había estado cerca de ella, trataba de convencerla.

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-Éste es tu momento, hermana de alma. Debes nacer ahora. Si no lo haces, no podrás cumplir tu misión, y muchas personas no podrán recibir tus dones.

-Pero no me atrevo – lloró la niña.

-Te está esperando una familia con almas de luz, como las nuestras. No debes temer nada – insistió el ángel de luz.

– Tengo miedo. ¿Cómo sabré que puedo confiar en la familia que ha de recibirme en la Tierra?

-¿Y si yo te pudiera demostrar que la familia que te está esperando es la más maravillosa, dulce y cariñosa que existe? ¿Te atreverías a nacer entonces? – le preguntó el ángel.

-Entonces sí – respondió la niña.12373201_10205968000538932_3996194840657683513_n

La misión de la niña en la Tierra era tan, tan importante, que su hermano de alma recibió un permiso especial. Él nacería primero, y pasaría unos años con aquella familia que más adelante debía recibirla a ella.

Pero el ángel de luz no podría quedarse para siempre con su familia de la Tierra. Él también tenía una misión que cumplir. Porque los ángeles de luz tienen el poder de transformar las almas y los espíritus de la gente, de un modo imposible de lograr por el resto de los seres. Y comienzan su misión naciendo en la Tierra: tocan los corazones de muchas personas, les enseñan lo que es el amor incondicional y verdadero, les abren los ojos a una nueva realidad, les cambian para siempre. Pero deben marcharse pronto, para continuar con su misión transformadora desde el cielo, donde tienen más poder.

 

Cada vez que un ángel de luz recibe permiso para nacer en la tierra, puede escoger a qué grupo de personas quiere ayudar. Y el ángel escogió ayudar a los niños que hubieran nacido con el síndrome de QT largo. Nacería con el síndrome de Timothy, una variante de QT largo muy poco frecuente; y empezaría su misión concienciando a muchas personas que, de otro modo, jamás sabrían en qué consistía el síndrome y no pelearían por ayudar a los niños que lo padecían.

El ángel de luz ya conocía a sus futuros padres, porque los seres que tienen almas de luz han estado, están y estarán conectados a través de los tiempos y por toda la eternidad. Por eso deseaba vivir con ellos en la Tierra: porque ya los amaba con todo su corazón. Y quería demostrar a su hermana de alma que no existían en el mundo mejores padres que aquellos.

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Y el ángel de luz nació, y sus padres lo llamaron Lee. Lee llenó de amor las vidas de muchas personas. No sólo sus padres y allegados: familias enteras de todo el mundo fueron bendecidas con su don de amor. El síndrome de Timothy comenzó a ser más y más conocido y estudiado. Y su hermana de alma fue testigo de tanto amor, de tanta ternura, de tanto cariño, de tanta felicidad, de tanta generosidad, de tanta valentía, de tanta fuerza y coraje, que ya no tuvo ninguna duda. Quería nacer en esa familia y en ninguna otra. No quería siquiera esperar a que el ángel de luz volviera al cielo.

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Y la niña especial nació. Y sus padres la llamaron Evelyn Ann, y desde el primer día fueron conscientes de la importancia de aquel regalo del cielo. No hubo un solo día en el que Evelyn Ann no se sintiera querida, comprendida y bendecida. Aquellos padres eran los adecuados para acompañarla a lo largo del camino que le llevaría a convertirse en la mujer importante y mágica que estaba destinada a ser.

Llegado el momento, el ángel de luz se volvió a su hermana.

-Debo marcharme, EA. Debo continuar mi misión desde el cielo.

-Lo sé – respondió ella-. Pero te vamos a echar mucho de menos aquí en la Tierra.

-Ya lo sé – respondió él -. Pero ya sabes que los seres con alma de luz, como nosotros y nuestros padres, siempre estamos conectados a través del tiempo y la eternidad. Siempre estaremos juntos, aunque no podamos vernos.

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-Los adultos se olvidan de esta conexión eterna – observó la niña-. Y como no la recuerdan, se ponen muy tristes cuando un ser querido abandona la Tierra para continuar con su misión en el cielo.

-Por eso tú deberás recordárselo constantemente, hermanita – le pidió Lee-. Cada vez que les veas tristes, acaríciales el rostro, transmíteles paz y amor y hazles recordar un poquito.

-¿Y si yo también me olvido según vaya creciendo?– preguntó EA.

-Eso no ocurrirá. Yo me encargaré de recordártelo en tus sueños, a través de libros, frases, momentos… o de otras personas especiales.

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-¿Y no podremos verte de vez en cuando? Cuando estemos demasiado tristes, cuando el tiempo de espera hasta reunirnos de nuevo se nos haga demasiado largo, ¿nos darás una señal de tu presencia? – le suplicó la niña.

-De acuerdo – contestó su hermano-. Voy a utilizar una de las cosas que más amo: la luna. Siempre que me echéis mucho de menos, decídselo a la luna y yo volaré hasta ella. Os miraré desde allí, y nuestras miradas se cruzarán. Y sentiréis que una gran paz inunda vuestro corazón. Y cuando la luna esté llena, si miráis con mucha atención, tal vez podáis verme bailando y sonriendo. Y de vez en cuando os haré una señal especial: pondré mi halo de luz en forma de círculo alrededor de la luna, haré que la luna cambie de color, esconderé la luna detrás del sol…

-¿Y nos mandarás de vez en cuando una estrella fugaz? ¡Es lo que más me gusta del mundo! – le pidió EA.

-Vale. Lo haré. Lo prometo.

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Y el ángel de luz se despidió de su dulce familia, y voló al cielo para seguir ayudando a más personas. Y en el cielo les espera, pues las almas de los seres de luz siempre están conectadas por toda la eternidad.

Y volverán a estar juntos, viviendo otras aventuras, cumpliendo otras misiones. Y, aún estando entre miles y miles de almas, se reconocerán. Porque cuando las almas de luz se aman, ese amor es mágico, indestructible y eterno.

Y mientas llega ese momento, los ángeles de luz brillan en el cielo, miran desde la luna a sus seres queridos, les lanzan estrellas fugaces, les visitan en sus sueños. Y quienes recuerdan, quienes tienen un alma sensible, quienes les han amado mucho, pueden sentirlos. Y los niños que aún poseen magia en sus corazones pueden oírles reír en el tintineo de los cascabeles, y pueden verles bailar en las noches de luna llena.

niño luna

 

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(Lee Ciciarelli nació con el síndrome de QT largo, una mutación en el corazón que puede provocar arritmias y muerte súbita. Lee tenía una variante tan rara como letal, llamada síndrome de Timothy. Se ganó sus alas el 25 de Octubre, a los 5 años y medio. Pero su familia seguirá luchando por dar a conocer este síndrome y ayudar a los niños que lo padezcan. Este cuento es mi pequeño regalo a su hermanita y mi homenaje a un super héroe con el que mis hijas y yo “compartimos corazón” y que tanto nos ha enseñado sobre la vida, el valor y el amor incondicional.)

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THE SOUL SISTER OF AN ANGEL OF LIGHT

There was once a girl who was to be born. She was a special soul of light that had to fullfill an important mission on Earth. She was destined to do great things, to change the lives of many people.

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But she didn’t want to be born. She was afraid. She had seen so much violence, lies and selfishness. She was afraid to be received by people who did not might love and understand her, that might hurt her, unable to help her become the magical and wonderful woman she should be.

Her soul brother, an angel of light that had always been close to her, was trying to convince her.

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‘Your moment is now, my sister of light. You must be born now. Otherwise you won’t be able to accomplish your mission, and many people may not receive your gifts.’

‘I do not dare’ the girl cried.

‘I know the family that is waiting for you. They have souls of light, just like ours. Don’t be afraid’ the angel of light insisted.

‘I am scared. How will I know that I can rely on them?’

‘What if I could show you that you are destined to the most wonderful, sweet and loving family ever? Would you dare to be born then?’ the angel asked.

‘Yes I would’ the girl replied.12373201_10205968000538932_3996194840657683513_n

That girl had such an important mission to do that his soul brother asked for a special permission. He would be born first, he would spend few years with that family destined to embrace her. So she could see how lovely they all were.

 

But the angel of light could not stay forever with his family on Earth. He also had a mission to fulfil. For angels of light have the power to transform souls and spirits in a way impossible to achieve by other beings. Sometimes they are born in order to begin their mission on Earth: they touch so many hearts, they teach about unconditional love, changing people lives forever, opening their eyes to a new reality. But they must leave soon, to continue their transformative mission from Heaven, where they are more powerful.

Every time angels of light receive permission to be born on Earth, they can choose which people they want to help more. And the angel chose to help children who were born with Long QT syndrome. He would have Timothy Syndrome, a rare type of LQTS. And he would begin his mission by raising awareness, touching people who otherwise would never know about this condition and would never fight to help LQTS and Timothy syndrome in children.

The angel of light knew already his future parents, for beings with souls of light have been, are and will be connected through time and eternity. So he wanted to live with them on Earth, because he already trusted and loved them so much. This way he could prove there were no better parents in the world for his soul sister.

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And the angel of light was born, and his parents named him Lee. Lee filled the lives of many people with love. Entire families worldwide were blessed with his gift of love. Timothy syndrome awareness began to spread. And her soul sister witnessed so much love, so much tenderness and happiness, so much generosity, courage and strength, that she had no longer any doubt. She wanted to be born in that family and nowhere else. She didn’t even want to wait for the angel to return to Heaven.

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And the special baby was born, and their parents named her Evelyn Ann. And they were aware of the importance of that godsend from the very first day. Evelyn Ann felt herself loved, understood and blessed every single day. Her parents were suitable to accompany her along the path that led her to become the important and magical woman she was destined to be.

One day the angel of light turned to his sister.

‘I must leave, EA. I must continue my mission from Heaven.’

‘I know ‘she replied. ‘But we will miss you so much here on Earth.’

‘But you know beings with souls of light, as we and our parents, are always connected through time and eternity. We will always be together, even though you cannot see me.’

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‘Adults forget about this eternal connection’ the girl noted. ‘So they get very sad when a loved one leaves Earth to continue his mission on Heaven.’

‘That’s why you will need to remind them constantly, sister’ Lee replied. ‘When you notice they are really sad you caress their faces with your hands tenderly, transmit them peace and love, and help them to remember.’

‘What if I also forget everything as I grow up?’ EA asked.

‘Such thing will never happen. I will remind you in your dreams, I will look for books, phrases, moments, other special people to remind you. ‘

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‘Could we hear from you from time to time? While we are waiting for the time we will meet again, if we are too sad, could we receive a sign of your presence?’ the girl begged.

‘All right’ he answered. ‘I will use one of the things I love most: the moon. Whenever you miss me too much, you tell the moon, and I will fly to there. I will watch you from there, and our eyes will meet. And you will feel a great peace that will fill your hearts. And when the moon is full, you look up there carefully, and you may see me dancing and smiling. And now and then I will show a special signal: I will put my light around the moon, I will change the moon’s colour, I will hide the moon behind the sun…’

‘I want some shooting star too. That is what I like most!’ EA asked.

‘I promise.’

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And the angel of light said goodbye to his sweet family, and flew back to Heaven to continue helping more people. And he awaits in Heaven, for the souls of beings of light are always connected for eternity.

And they will be together again, living other adventures, fulfilling other missions. And among thousands of souls, they will recognize each other. Because when souls of light love, this love is magical, strong and eternal.

And as the time comes, the angels of light are shinning in the sky, watching from their loved ones from the moon, throwing them shooting stars, visiting them in their dreams. And those who remember, those who have a sensitive soul, who have loved them so much, can feel them. And children who still have magic in their hearts can hear them laughing in the tinkling of bells, and can see them dancing in the moonlit nights.

niño luna

EXPLICANDO LAS CONVULSIONES A LOS NIÑOS DE INFANTIL

Una profe me cuenta que una niña de 3 años de su cole ha sufrido una crisis epiléptica en casa y que quiere tratar de explicárselo a sus compañeros de clase. Me pide que adapte el cuento de la convulsión un poquito más para que los niños más pequeños lo puedan entender mejor. 

Así que aquí va un “cuento” cortito dedicado a la pequeña Paula, para que sus amiguitos comprendan lo que le pasa y cómo pueden ayudarle.

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Vuestra compañera Paula es epiléptica. ¿Sabéis lo que significa eso? Que a veces su cuerpo comienza a moverse solo, sin que ella pueda evitarlo. Los brazos, las piernas, los ojos, la cabeza…todo se le mueve a la vez.

¿Y por qué pasa eso? Vamos a ver si os lo puedo explicar.

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Imaginaos al hermanito o a la hermanita pequeña de alguno de vosotros. Un bebé de 1 o 2 años, por ejemplo. Los hermanitos de 2 años son muy graciosos, pero también se enfadan con frecuencia, tienen muchas rabietas. Si les quitas un juguete cogen una rabieta. Si les riñes un poquito cogen otra rabieta. Si mamá no les da una galleta cogen otra rabieta.

Y cuando los bebés cogen una rabieta ¿qué hacen? Pues chillan, lloran, se tiran al suelo y patalean,  se quedan en el suelo tirados y no se quieren levantar.10502125_707956765919871_8130197483362170369_n

Y a veces la rabieta ha sido tan grande que el hermanito termina muy, muy cansado y se queda dormido un rato muy largo.

Pues algo parecido les pasa a los niños con epilepsia: que su cerebro es muy sensible y coge rabietas de vez en cuando. Pero no es que Paula o los demás niños epilépticos sean unos caprichosos, ¿eh? Ellos no lo hacen adrede, no lo pueden evitar; es que su cerebro es especial, un poquito diferente, y a veces les hace hacer las cosas de un modo diferente. ¡En realidad todos somos diferentes, todos tenemos algo especial y todos hacemos algunas cosas de modo diferente a los demás!

¿Y qué es el cerebro? Es lo que tenemos dentro de la cabeza y que nos hace pensar. Y es el que hace que movamos un dedo, una mano, abramos y cerremos la boca y los ojos, nos rasquemos la nariz o nos subamos al columpio. Es el jefe del cuerpo. El cerebro de nuestra cabeza da órdenes a nuestro cuerpo para que se mueva. Nuestros brazos y piernas, nuestras manos, pies y dedos, nuestra boca, nuestros ojos y oídos, siempre hacen lo que el cerebro les manda que hagan.

Cuando nuestro cerebro está tranquilo nos manda mover el cuerpo de forma tranquila y ordenada: ahora una mano, ahora un pie, ahora un dedo. Pero si el cerebro coge una rabieta, nos puede hacer mover todo el cuerpo de golpe y sin que podamos parar de hacerlo.20150323_135957

Hay muchos niños que tienen un cerebro que coge rabietas con la fiebre. El cerebro de otros niños, de los niños epilépticos como Paula, coge rabietas con las luces muy brillantes, o cuando están muy cansados, o cuando no se han tomado sus medicinas. Y cuando un cerebro coge una rabieta, el niño comienza a mover todo el cuerpo y no puede parar. Eso se llama “convulsión”. A veces el niño hasta se hace pis, de lo enfadado que está el cerebro.

Una “convulsión” puede durar un ratito largo, como la rabieta del hermanito, que puede estar un buen rato llorando y pataleando en el suelo. Pero el cerebro y el cuerpo se acaban cansando, y en pocos minutos se dejarán de mover.  Los papás y los abuelos se asustan mucho cuando ven una convulsión, porque el niño no puede hablarles para decirles que no pasa nada, que sólo es una rabieta de su cerebro y que en poco tiempo, cuando el cerebro se canse, dejarán de moverse así. Pero tenemos que estar tranquilos, no pasa nada. No hay que asustarse. disgusto

Y el niño termina tan cansado después de mover todo el cuerpo con la convulsión, que luego siempre se queda dormido, igual que los bebés después de una rabieta muy grande.

 Imaginaos que un hermanito viene a vernos hoy al cole y tiene una rabieta aquí, delante de todos nosotros: se tira al suelo y se pone a llorar y a patalear. ¿Qué hacemos nosotros?

A un bebé con una rabieta no hay que sujetarle con fuerza, ni intentar cogerle en brazos, porque si le hacemos daño se pondrá más enfadado y todavía tardará más en tranquilizarse. Hasta nos puede dar patadas, puñetazos y mordiscos. Tampoco hay que intentar meterle el chupete en la boca si él no lo quiere, porque seguramente lo escupirá o nos lo tirará a la cara. Solo hay que dejarle tranquilo tirado en el suelo hasta que se le pase la rabieta. Es lo que hacen la mayoría de los papás, ¿a que sí?

Y entonces, cuando ya se le ha pasado el enfado, le cogen en brazos, le llenan de besos y de mimos, y le dicen que están muy contentos de que haya dejado de llorar. Y si se queda dormido, le ponen en la sillita o le llevan en brazos y le dejan dormir para que descanse, hasta que se despierte. Y continúan con lo que estaban haciendo todos antes de tener la rabieta.

Imaginad ahora que el cerebro de Paula coge una rabieta aquí, estando en clase. Y Paula se cae al suelo y todo su cuerpo empieza a moverse: tiene una convulsión. ¿Cómo le podemos ayudar nosotros?

Pues al cerebro con una rabieta hay que tratarle igual que al bebé con una rabieta: con suavidad y cariño. Si vemos a Paula o a un niño que está en el suelo con una convulsión, no tenemos que sujetarle demasiado fuerte, o le haremos daño. Tampoco tenemos que intentar meterle nada en la boca, porque nos puede dar un mordisco y le podemos hacer daño en los dientes. Hay que dejarle tranquilo en el suelo, hasta que a su cerebro se le pase la rabieta.

Y tenemos que ir corriendo a avisar a un mayor, a un profesor si le ocurre en el cole, o a un papá o una mamá si le ocurre en casa o en el parque. Los mayores siempre tienen que saber que a un niño le está pasando esto, que está teniendo una convulsión. ¡Ah, y hay que decirles que tranquilos, que no se asusten, que no pasa nada, que es solo una convulsión, una rabieta de su cerebro! ¡Porque los mayores siempre se ponen muy, pero que muy nerviosos con estas cosas!

20150323_230046Y cuando la rabieta se pasa, el niño epiléptico siempre se queda dormido, porque su cuerpo siempre termina muy cansado. Paula seguramente se quede muy dormida, tan dormida que no se puede despertar aunque la llamemos, o la movamos. Para que descanse mejor le tenemos que poner de lado, no podemos dejarle boca arriba porque respira peor. Poner de lado a Paula si se queda muy dormida es muy, muy, pero que muy importante. Es lo más importante de todo. Así sí que le estamos ayudando muchísimo.

Paula se despertará enseguida, pero su cerebro estaba tan enfadado que seguramente no se acordará de nada de lo que le ha pasado. A lo mejor se despierta asustada, nerviosa, llorando. Eso es normal. Dejadla tranquila, que seguramente en poco tiempo estará como nueva. Y entonces sí que la podéis abrazar y dar besos y contarle todo lo que le ha pasado.20151019_232451

Pero si nos parece que tarda mucho en despertarse, o si tenemos miedo, tenemos que avisar a un médico o a una ambulancia: llamaremos al teléfono 112. ¡Si los mayores no se acuerdan de este número, vosotros tenéis que recordárselo!

“Tenía yo una vez a mi amiga muy dormida, tenía yo una vez a mi amiga muy dormida, que no podía, que no podía, que no podía despertar.

¿Qué tengo que hacer yo si mi amiga está malita? ¿Qué tengo que hacer yo si mi amiga está malita? Pedir ayuda a un mayor y llamar al 1, 1, 2”.

19.1

UNA LECCIÓN DE KARATE, UNA LECCIÓN DE VIDA

Ldiploma copia_editado-2ucas era muy deportista. Practicaba todos los deportes que se ponían a su alcance.

Pero su gran pasión, el deporte que más le gustaría practicar, era el karate. Trataba de aprender los movimientos viendo películas y después los practicaba frente al espejo de su casa durante horas. Sin embargo nunca había tenido la oportunidad de ir a una clase de verdad.

Por eso, cuando se enteró de que el premio de un concurso de redacción con el título “El deporte que siempre soñaste practicar” era precisamente ¡recibir una clase magistral de karate!, ¡y nada menos que con el campeón de karate de Europa y del mundo César Castaño!, se encerró en su cuarto y se puso a pensar. Se sentó, se levantó, se tiró en la cama, se comió la punta de 5 lapiceros. Pensó, pensó y pensó, poniendo en orden sus ideas. Y escribió su redacción con esmero y desde el corazón. La corrigió decenas de veces hasta que le pareció que realmente reflejaba lo que él sentía. La presentó al concurso, y fue incapaz de dormir de los nervios hasta el día del veredicto.

Y emocionó tanto al jurado que todos sus miembros lo tuvieron claro desde el principio. Y, claro está, logró ganar uno de los dos premios que el concurso otorgaba.

Y allí estaba Lucas, en el tatami, vestido con su karategui y dispuesto a disfrutar enormemente de esta gran oportunidad junto a Enrique, el otro chico ganador. ¡Cómo les temblaban las piernas! ¡Qué emoción!20151019_232529_editado-1

César Castaño, el campeón y profesor, les saludó y  comenzó con una breve explicación.

-Bienvenidos a esta pequeña clase. Como ya sabréis, “karate” viene del japonés y significa “camino de las manos vacías”. Es un arte marcial en el que se lucha sin armas: es nuestro cuerpo el arma que utilizamos para la defensa y el ataque. Pero es importante que comprendáis que el karate no es solamente un método de lucha. Es una filosofía de vida que nos ayuda a controlar nuestra fuerza y nuestros sentimientos; a utilizar nuestra energía interior para afrontar los retos diarios; nos enseña a conocernos y respetarnos a nosotros mismos y al adversario. El karate es un modo de vida: “un camino hacia la perfección”; y todo aquel que lo practica con sinceridad debe guiarse por unos principios fuertes y una actitud de cortesía y respeto dentro y fuera del tatami.

Lucas y Enrique, impresionados, asintieron con la cabeza.KU-kids-saludo

-Voy a enseñaros un kata, una secuencia de movimientos que reproducen los que se utilizarían en un combate real. Yo haré los movimientos y vosotros trataréis de repetirlos. ¡Rei!

Se saludaron inclinándose ante el profesor y  el uno ante el otro en señal de respeto. Julián se sentía como en un sueño. César comenzó a ejecutar el kata. El sensei se movía con seguridad y elegancia; marcaba los movimientos de un modo increíble. Lucas y Enrique se sentías torpes, y ni de lejos lograban la perfección que el campeón mostraba; pero disfrutaban con los ejercicios, y en los gritos al exhalar el aire (¡ kiai! ) liberaban toda su tensión.
20151019_232510Todo iba bien…hasta que, justo después de una serie de movimientos bastante intensos, Enrique se sintió un poco mareado. Se paró y se agachó para tratar de recuperarse; apoyó sus manos en sus rodillas, pero éstas comenzaron a doblarse…cayó de rodillas, luego de bruces… su cuerpo se agitó unos segundos e inmediatamente quedó inmóvil.  Lucas, pensando que se trataba solamente de un mareo, se quedó mirando a César sin saber muy bien qué hacer.

El sensei se dio cuenta enseguida de la posible gravedad de la situación. Inmediatamente se lanzó hacia Enrique y le puso boca arriba.

-¡Enrique! ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Estás bien? – le preguntó, hablando fuertemente y zarandeando al chico.

Enrique no contestó. Continuaba inmóvil. César se arrodilló a su lado y le puso una mano sobre la frente y la otra mano en el mentón. Extendió su cabeza hacia atrás y acercó su oído a la boca de Enrique.

-Oigo que hace un ruido extraño, como un ronquido, pero no me parece sentir que salga aire por su boca. No me parece que esté respirando con normalidad. Lucas, mira su pecho, pon una mano sobre su abdomen, mira a ver si notas movimientos de respiración.

Lucas lo hizo. Miró atentamente el pecho y la barriga de su compañero; pero no percibió movimiento alguno.

-¡No se mueve el pecho! ¡No respira! – gritó, aterrorizado.

20151019_232516César no perdió los nervios. Abrió el karategui de Enrique, dejando su pecho al descubierto. Arrodillado, pegando sus rodillas al costado del chico, colocó el talón de su mano en el centro del pecho de Enrique; exactamente entre los dos pezones. Colocó la otra mano sobre la primera, entrelazando los dedos. Se levantó de los talones, puso su espalda recta, estiró completamente los brazos y dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre el pecho de Enrique, comprimiéndolo una y otra vez bajo sus manos.

-Lucas, rápido, coge el teléfono y llama al 112. A la primera persona que atienda la llamada le dices que estás en el gimnasio TaoAstur de Gijón, y que se trata de una EMERGENCIA SANITARIA; que una persona acaba de sufrir una parada cardíaca y que necesitas hablar con PERSONAL SANITARIO inmediatamente.

Lucas echó a correr en busca de un teléfon
o. Temblaba tanto que no atinaba a marcar el 112. Al segundo intento lo consiguió.

-112 Asturias, ¿en qué puedo ayudarle? – le contestó inmediatamente una voz al otro lado del teléfono.

-¡Emergencia sanitaria! ¡En Gijón, en el gimnasio TaoAstur! ¡Un chico parece haber sufrido una parada cardíaca! ¡Necesito hablar inmediatamente con los sanitarios! – gritó Lucas.

-No se retire, le pongo al habla con los sanitarios inmediatamente – contestó el operador del 112. El teléfono quedó mudo unos segundos. Lucas miró desesperado a César, que continuaba comprimiendo el pecho de Enrique sin descanso.20151019_232451

-Tranquilo; están contactando con el SAMU, el personal sanitario. Cuando te pregunten, di que el chico se desplomó de repente mientras hacía deporte. Que no respira, y que hay una persona practicando RCP, reanimación cardiopulmonar – le explicó el maestro.

-Está hablando con el SAMU – escuchó Lucas que le decían a través del teléfono-. ¿Me está llamando de Gijón, del gimnasio TaoAstur?

-¡Sí! – gritó Lucas.

-¿Y dice que cree que una persona está sufriendo una parada cardíaca?

-¡Sí! ¡Un chico que hacía karate conmigo! ¡Se desplomó de repente, y ahora no respira!

-Chico, tranquilo, la UVI móvil ya está en camino – le dijo una voz diferente al otro lado del teléfono-. Ahora estás hablando con un médico. ¿Hay alguien allí que sepa hacer una reanimación cardiopulmonar?

-El profesor de karate está haciendo RCP – contestó Lucas, muy aliviado.

-Perfecto. No paréis en ningún momento de dar compresiones torácicas hasta que llegue la ayuda. En pocos minutos estarán allí. ¿Sabes si el chico tenía alguna enfermedad del corazón?

-No le conocíamos, no sabemos si estaba enfermo, no lo parecía.

-Muchas gracias por la información. Se la transmitiré inmediatamente al médico que va en la UVI móvil. ¡Continuad haciendo compresiones torácicas, no paréis a  o ser que el chico se mueva o notéis que tiene algún signo de vida!

Lucas colgó.

-Arrodíllate frente a mí – le ordenó César-. Yo me estoy cansando; tienes que darme el relevo durante un par de minutos. Has de hacer exactamente lo que estoy haciendo yo. Acerca tus rodillas a su costado, entrelaza tus manos, levántate de los talones, y cuando yo cuente 3 colocas el talón de tu mano donde yo tengo el mío, justo en el centro del pecho, entre los dos pezones, y continúas con las compresiones torácicas. ¿Preparado?

-Sí… -contestó Lucas, muy, pero que muy nervioso.

-Una…dos…¡y tres!

César se echó hacia atrás, cansado; y Lucas comenzó a dar compresiones torácicas. Las primeras no fueron demasiado profundas, tal era el miedo que tenía a hacerlo mal.

-Tienes que comprimir el pecho con más fuerza, tienes que dejarte caer sin miedo sobre tus manos – le corrigió César-. Y tienes que imprimir un poco más de ritmo. Hay que comprimir entre 100 y 120 veces por minuto. Sigue este ritmo: mil uno, mil dos, mil tres, mil cuatro. Así, eso es. Muchísimo mejor.

-He visto en las películas que hay que hacer el boca a boca – comentó Lucas, un poco más tranquilo al ver que estaba haciendo las cosas bien-. ¿No tendríamos que hacerlas?

-No, ya no están indicadas a no ser que los reanimadores sean sanitarios o estén entrenados en las técnicas de ventilación. Y mejor aún si además tengan mascarillas o sistemas para ventilar correctamente – le explicó César-. Ya he descansado. Venga; a la de tres cambiamos otra vez. Una…dos…y tres.

Y así continuaron, turnándose cada pocos minutos para lograr mantener unas compresiones de calidad.

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No habían pasado diez minutos (aunque a Lucas le parecieron una eternidad) cuando oyeron la sirena de la ambulancia.

-Voy a bajar corriendo a buscarles para traerles rápidamente hasta aquí. Lucas, sigue con las compresiones, no pares hasta que ellos lleguen y te lo indiquen.

César echó a correr. Lucas continuó con la RCP.

-Enrique, ya están aquí. Tranquilo, todo va a salir bien. ¡Ya lo verás!

César apareció corriendo, seguido de los sanitarios.

-No pares, chaval, sigue con las compresiones! ¡Están perfectas! – le dijo el médico mientras desplegaban todo el material sanitario. Cuando todo estuvo dispuesto, el técnico sustituyó a Lucas y continuaron con la RCP, utilizando aparatos, tubos y medicación. César y Lucas se apartaron y observaron el proceso un poco alejados para no molestar.

-¿Cómo sabías lo que había que hacer? – le preguntó Lucas a César.

-Cuando yo era pequeño, al abuelo de un compañero le ocurrió esto mismo mientras nos estaba viendo competir. Pero nadie sabía nada sobre reanimación cardiopulmonar; no se hizo nada hasta que llegaron los sanitarios, y para entonces ya era demasiado tarde – le explicó el sensei-.  Yo me di cuenta de lo importantísimo que era conocer las técnicas de primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar y desobstrucción de la vía aérea, y me prometí a mí mismo que si volvía a ser testigo de una emergencia, sabría cómo actuar. Realicé varios cursos de RCP según fui creciendo; y hoy he sido capaz de recordar los pasos a seguir ante una situación de parada cardiorrespiratoria.
DEA-niños copia_editado-1-¡Está en fibrilación ventricular! ¡Vamos a desfibrilar! – gritó el médico. Aplicaron unos parches sobre el pecho de Enrique y cargaron el desfibrilador. Una corriente eléctrica sacudió el cuerpo de Enrique, y su corazón recuperó el ritmo.

-¡Ha funcionado! ¡Su corazón está latiendo de nuevo! – exclamó el enfermero. César y Lucas se abrazaron emocionados.

Minutos después Enrique abandonaba el recinto en la camilla. El médico se acercó a ellos.

-Gracias a que habéis iniciado las compresiones torácicas en el primer minuto y a que habéis llamado rápidamente al 112, este chico se va a recuperar. Todavía le queda un largo camino, pero estoy seguro de que todo va a salir bien.

A veces se tienen experiencias o se aprenden lecciones que cambian la vida de las personas. A Lucas le ocurrieron ambas cosas aquel día. Aprendió que si algo se desea de verdad, desde el corazón, y se trabaja por ello, el deseo puede llegar a cumplirse. Aprendió que el karate no es sólo una forma de lucha, sino un camino de vida que requería principios, constancia y valor; y decidió tratar de seguirlo y ser digno de él. Vivió una situación de emergencia en la que una vida estuvo en peligro y que se salvó gracias a que otra persona se había preocupado de aprender a salvar vidas. Comprendió que a partir de ahora ya no podría seguir ignorando el hecho de que la vida de las demás personas podría estar en sus manos; aprendería primeros auxilios y técnicas de reanimación cardiopulmonar , y cuando presenciase una situación de emergencia estaría preparado para actuar rápidamente.

Había aprendido que con sus manos podía salvar vidas.19.1

PUEDE SER QUE SU VIDA ESTÉ EN TUS MANOS

Puede ser un hombre en la calle, una mujer en la tienda,  un niño en el patio, una chica en la disco.

Puede ser tu padre, tu hermana, tu amigo, tu novia,  un colega, un vecinconcierto ceroo.

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Puede ser durante un esfuerzo, un partido, un examen, un susto, un disgusto, un dolor.

Y de pronto ante ti se desploma, y nadie controla a tu alrededor.

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Puede ser que su vida ya esté en tus manos…


?

Acércate; pregúntale; llámale, grítale, muévele.

SI NO CONTESTA PIDE AYUDA; algo falla y no pinta bien.

PERO EL DATO QUE SALVA UNA VIDA ES SABER DISTINGUIR SI RESPIRA.3

Pon una mano en su frente, la otra en su mentón, y hacia atrás de su cabeza tira.

?

Ahora acerca tu cara a su boca buscando su aliento;

escucha su respiración; mira a ver si se mueve su pecho.

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?

Si respira, de lado le debes poner: que su lengua no caiga hacia atrás.

Al 112 deberás llamar; y de su lado no te moverás.


Pero si no respira su corazón se va a parar.22

Y si nadie hace nada, en pocos minutos ya no se le podrá ayudar.

No tengas miedo; no le harás daño, y su vida puedes salvar.

Por favor, no lo dudes: ¡actúa! ¡No puede esperar!

112   CCU Asturias

Llama al 112. La ayuda llegará. ¡Pero puede tardar!

Y mientras, tú serás su corazón. ¡Tiene que latir! ¡No puede parar!

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Tus manos enlazadas buscarán el centro de su pecho y lo comprimirán.

Comprime 100 veces por minuto, con ritmo, con fuerza; ¡no puedes parar!

Sin pausas para ventilar ni para descansar, ¡no puedes parar!

Si cansas yo te cambiaré. Si canso me cambias. ¡No podemos parar!

?

Comprime una y otra vez, una y otra vez, ¡una y otra vez!

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Si cuando llegue la ayuda no había unas manos sobre el corazón,

ya no importa qué hagan, qué intenten: no habrá solución.

Pero si cuando llegue el desfibrilador tus manos estaban allí,

puede ser que consigan que vuelva a latir; ¡puede ser que vuelva a vivir!

No tengas miedo: no le harás daño, y su vida puedes salvar.

Por favor, no lo dudes; ¡actúa! ¡No puede esperar!

?

24.2

Llama al 112. La ayuda llegará. Pero puede tardar.

Y mientras, tú serás su corazón. ¡Tiene que latir! ¡No puede parar!

Comprime una y otra vez, una y otra vez, ¡una y otra vez!

19.1

MI ABUELA ESTÁ EN EL SUELO Y NO CONTESTA

(Esta historia fue real. Se han cambiado los nombres y los datos de localización)

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Los padres de Lucía y Jaime tenían un Lucía y Jaimecompromiso importante; así que el viernes por la tarde recogieron a sus hijos a la salida del cole y les llevaron a casa de la abuela, para que pasaran con ella el fin de semana. Los niños estaban encantados, porque su abuela vivía en una casa grande a las afueras de la ciudad; tenía conejos, gallinas y un gato llamado Manchitas.

-¡Nos vemos el domingo por la tarde! ¡Portaos bien! – se despidió su madre.

Los niños merendaron, hicieron los deberes, jugaron con los animales, se bañaron y cenaron.

-Buenas noches – les dijo la abuela, acostándoles y dándoles un beso-. Yo voy a tomar un vaso de leche caliente y también me iré a la cama, que mañana hay mucho que hacer.

Los hermanos, con la excitación, no se podían dormir. De repente oyeron el ruido de un vaso rompiéndose contra el suelo, y a continuación un golpe fuerte.

-Abuelita, ¿qué ha pasado? – preguntó Lucía desde la cama. Al ver que su abuela no contestaba, se levantó y fue a la cocina a mirar.

Se encontró a su abuela tirada en el suelo, junto a un vaso roto y leche derramada.

-Abuelita, ¿te has caído? ¿Qué te pasa? – le preguntó Lucía. Pero la abuela no le contestó.

-¡Abuelita, despierta ¡Levántate! – gritó Lucía, zarandeándola. Pero no obtuvo respuesta.

-¿Qué pasa? – preguntó Jaime, muy asustado, desde la puerta de la cocina.

-Que la abuelita está en el suelo y no se despierta – contestó Lucía, muy nerviosa.caída

-¿Y por qué no se despierta y se levanta? ¿Se ha hecho daño?

-¡No lo sé! Abuelita, ¿por qué no me contestas? ¡Despiértate! – insistió Lucía, a punto de llorar.

La abuela siguió sin moverse y sin contestar. Lucía estaba cada vez más asustada. Su hermanito se puso a llorar.

-¡Mamá, papá! ¡Quiero que venga papá!

-Están cenando fuera – le recordó Lucía.

-¡Pues vamos a llamarles!

Pero no se sabían el número de sus padres de memoria. Y por más que buscaron la agenda donde la abuela anotaba los números de teléfono, no la encontraron. Y su teléfono móvil estaba apagado.

-¿Y qué hacemos ahora? – lloriqueó Jaime.

-No sé…¿Vamos a buscar a alguien que nos ayude?

-¡Yo no quiero salir de casa! ¡Es de noche y está oscuro! – chilló el niño. La casa de su abuela estaba algo aislada, y el camino hasta la casa más cercana era largo y lleno de rincones aterradores.

-Vale. Espera, ¿seré tonta? ¡Si mamá me ha explicado muchas veces lo que tengo que hacer! – exclamó Lucía, animándose de pronto.

-¿Ah, sí? – preguntó su hermano, no muy convencido.

-¡Sí! Vamos al salón. Mamá puso allí las instrucciones.

Corrieron hacia el salón. En la pared, junto al teléfono, había un papel pegado con celo. Lucía leyó en voz alta lo que ponía.

-“Si la abuelita se pone muy enferma o no se puede despertar, tienes que llamar al 1- 1- 2, decir lo que pasa, contestar a todo lo que te pregunten y hacer todo lo que te manden. La dirección de la casa de abuelita es: Senda de los Rosales número 23, Deva, Gijón”.

-¡Llama, llama! – exclamó Jaime. Lucía descolgó el teléfono y marcó los números: 1, 1, 2.

-Uno, uno, dos, Asturias, ¿en qué puedo ayudarle? – escuchó inmediatamente al otro lado del teléfono. Era una voz de hombre.

-Hola, mi abuelita está en el suelo y no se despierta. llamada

-¿Cómo dices? – preguntó el hombre, sorprendido.

-Que mi abuelita está en el suelo y no se despierta.

-¿Eres una niña? ¿Puede ponerse tu mamá?

-Mi mamá no está, está mi abuelita, pero no puede hablar ni moverse.

-¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes?

-Me llamo Lucía y tengo 7 años. Pero voy a cumplir 8 dentro de poco.

-¿Y no hay nadie más en casa?

-Sí, mi hermano pequeño.

-¿Y dices que tu abuelita se ha caído al suelo?

-Sí, y ni nos contesta ni se levanta. Y mi mamá me dijo que si mi abuelita se pone enferma o no se puede despertar tengo que llamar al 1, 1, 2.

-Vale, cariño, te voy a mandar ayuda. ¿Sabes la dirección de la casa de tu abuela?

-Sí – Lucía volvió a leer el papel – La dirección de la casa de abuelita es: Senda de los Rosales número 23, Deva, Gijón.

-Muy bien. Estoy mandando a la Policía a la dirección que me has dado, para que puedan ayudarte, así que no os asustéis cuando lleguen. Mira, Lucía: ahora vas a estar un ratito sin oír nada, pero no cuelgues el teléfono. Voy a hablar con el médico de aquí y enseguida se pondrá al teléfono para hablar contigo, ¿de acuerdo?

-Vale.

El hombre que había recibido la llamada estaba trabajando, junto a muchas más personas, en una gran sala: el Centro Coordinador de Emergencias. Cuando alguien tenía un problema muy importante llamaba por teléfono al número 112; y una de aquellas personas, llamadas “operadores”, contestaba la llamada y mandaba la ayuda.CCU Asturias

El operador contactó con otro grupo de personas que estaban en el extremo contrario de la sala. Eran trabajadores del SAMU, el Servicio de Asistencia Médica Urgente.

-¿Compañeros del SAMU? Voy a pasaros una llamada importante. Una niña de 7 años llamada Lucía acaba de llamar al 112 diciendo que su abuela se ha caído al suelo y no se despierta, no habla ni se mueve.

-¡Qué dices! ¿Y no se tratará de una broma? – preguntó uno de los operadores del SAMU.

-No lo creo. Esa niña se explica muy bien, repite una y otra vez la misma historia, contesta sin dudar a todas las preguntas, nos ha dado la dirección completa. Yo estoy convencido de que no es una broma. He mandado a la Policía hacia allí, porque parece que Lucía y su hermano pequeño están solos con su abuela.

-De acuerdo. Pásame la llamada – contestó el operador del SAMU, mientras levantaba una mano, avisando a una mujer que estaba sentada en una mesa elevada en el centro de la sala. Era la médico del SAMU, que intervenía en las llamadas más urgentes y decidía qué tipo de ayuda sanitaria se debía mandar a la persona en apuros: un médico, una enfermera, una ambulancia…

-Doctora, entre enseguida en esta llamada, que parece muy urgente.

La médico levantó un pulgar indicando que ya estaba a la escucha. El operador del SAMU activó la llamada.

-¿Hola? ¿Lucía? ¿Estás ahí?

-¡Sí! – exclamó la niña, muy aliviada. El tiempo sin oír nada al otro lado del teléfono le había parecido tan largo (aunque en realidad había sido de pocos segundos) que había comenzado a pensar que no les habían tomado en serio o que habían colgado.

-Lucía, yo pertenezco a los servicios sanitarios. Y también te está escuchando una doctora. ¿Nos llamas de la Senda de los Rosales número 23, Deva, Gijón?

-Si.

-¿Y dices que tu abuela se ha caído al suelo y no te contesta?

-Sí, ni habla ni se mueve.

CCU - copia-Hola, Lucía – saludó la doctora-. Me llamo Sofía y soy médico. Además de la Policía, que ya está de camino, voy a mandarte un médico para que vea a tu abuela. Pero necesito que me contestes a unas preguntas para poder ayudarte mejor, ¿vale?

-Vale.

-Cuéntame exactamente qué es lo que ha pasado.

-Abuelita nos metió en la cama y nos dijo que iba a tomar un vaso de leche y a acostarse – describió Lucía-. De repente oímos un ruido de cristales y otro ruido muy fuerte. Fuimos a la cocina y vimos a abuelita en el suelo.

-¿Y no sabéis si se resbaló o es que se puso mala? ¿O si le duele algo: una pierna, la cabeza, el pecho?

-No – contestó Lucía-. Yo le he preguntado, he intentado que se levante, pero no se mueve ni me contesta.

La médico hizo un gesto con la mano que el operador del SAMU, que seguía a la escucha, entendió perfectamente: “Activa la UVI móvil, la ambulancia con médico, enfermero, conductor y camillero, con todos los aparatos y medicinas para poder atender a los pacientes más graves”.SAMU2

-Lucía, en estos momentos una ambulancia con médico y enfermero está saliendo hacia la casa de tu abuela. Pero van a tardar un poco, porque estáis a muchos kilómetros de la ciudad. Así que yo voy a intentar ayudarte mientras llegan. ¿De acuerdo?

-Sí – contestó Lucía. Y le susurró a su hermano:- ¡Ya viene el médico, enseguida nos ayudan!

-¿Tu abuela es mayor?

-Sí, muy mayor, porque tiene el pelo blanco.

-¿Y estaba enferma de algo?

-Yo creo que no. Bueno, a veces dice que le duele una pierna, y otras que le duele la cabeza.

-¿Y toma medicinas?

-Sí, una pastilla por la mañana y otra por la noche, creo.

-Por la tarde, antes de caerse, ¿se había quejado de algo, tenía algún dolor?

-No.

-¿Estás ahora mismo al lado de tu abuela?

-No, yo estoy en el salón y mi abuela en la cocina.

-Necesito que vayas otra vez a la cocina y me digas si tu abuela ya puede hablar o levantarse. Muévela, empújala, a ver si se despierta. ¿Puedes llevarte el teléfono contigo?

-Este no, pero hay otro que no tiene cable – recordó Lucía -. ¡Jaime, corre, busca el otro teléfono y llévalo a la cocina!

Jaime salió disparado a buscar el teléfono y Lucía volvió a la cocina. Su abuela seguía en el suelo.

-Abuelita, tranquila, ya viene el médico para ayudarte. ¿Ya te puedes despertar? – le preguntó de nuevo la niña, moviéndola enérgicamente por los hombros. La abuela se movió un poco, pero no le respondió.

El hermano pequeño llegó corriendo con el teléfono inalámbrico. Lucía lo encendió.

-¿Hola? ¿Sofía?

-Sí, cariño, sigo aquí – contestó la doctora-. Cuéntame, ¿hay algún cambio?

-No, mi abuelita sigue en el suelo y no se despierta aunque la he movido muy fuerte.

-¿Pero está respirando?

-Sí, está roncando – contestó Lucía, observando más detenidamente a su abuela.

-Muy bien. ¿Puedes ver sangre en el suelo? ¿Ves que tenga alguna herida en la cabeza, en la pierna o en otra parte?

Lucía se agachó y tocó la parte de atrás de la cabeza de su abuela, le miró los brazos y las piernas.

-No, no hay sangre por ninguna parte.

-Perfecto. Pues lo primero que tenéis que hacer es poner a tu abuela de lado entre los dos. Yo os digo cómo hacerlo, ¿vale? Poneros uno a cada lado de vuestra abuela.

-Vale. ¡Jaime, ven, ayúdame, que tenemos que poner a la abuelita de lado! – avisó Lucía a su hermano -. Tú ponte en ese lado y yo en este.

-¿Preparados?  – preguntó Sofía-. Tú, Lucía, coge el brazo de tu abuela que tengas más cerca de ti y colócaselo como hacen los policías para mandar parar: en el suelo doblado en forma de L, con la mano hacia arriba.caida2

-Ya está – obedeció la niña.

-Dile a Jaime que le ponga el otro brazo sobre el pecho.

-¡Jaime, coge ese brazo de abuelita y pónselo en el pecho! Ya está.

-Y ahora dile a Jaime que se vaya a la pierna que tiene más cerca y que se la doble, que meta las manos por debajo de su rodilla y que tire hacia arriba. Cuanto más consiga doblarle la pierna, mejor.

-¡Jaime, mete las manos debajo de la rodilla y tira hacia arriba! ¡Tira, tira, dóblala más! – Lucía transmitía las instrucciones y Jaime las seguía-. ¡Ya está!

-Ahora escucha, Lucía. Pon una mano en la rodilla doblada de tu abuelita, y la otra mano en el hombro de ese mismo lado, del lado de Jaime. Y vas a tirar de ella hacia ti. Y dile a Jaime que, mientras tú tiras, él te ayude empujándola por la espalda. ¿Lo has entendido?

-Creo que sí – contestó Lucía, y dejó el teléfono en el suelo. Agarró a su abuela por la rodilla y el brazo-. Jaime, cuando cuente tres yo tiro y  tú empujas su espalda. ¡Una, dos…y tres!

El cuerpo de su abuela rodó suavemente hasta quedar de lado.

-Ya está de lado. Ha dejado de roncar – comunicó Lucía a la médico.

-Perfecto. Lo habéis hecho muy bien. Habéis conseguido poner a vuestra abuela en la posición lateral de seguridad. Así respirará mejor, y si vomita no se atragantará – le explicó Sofía-. Vas a poner su mano debajo de su cara, para que esté más cómoda y la cabeza le vaya un poco hacia atrás. Mientras, yo voy a hablar un momento con el médico que ya está viajando en la ambulancia de camino a vuestra casa. No cuelgues el teléfono, que enseguida volvemos a hablar, ¿vale?

-Vale.

ASTURIAS-SAMU-112La médico llamó por teléfono al médico que viajaba en la UVI móvil.

-Perdona la tardanza, compañero. Estaba hablando con la alertante, que es una persona muy especial. Es una niña de 7 años que está colaborando de maravilla. Su abuela ha caído al suelo y no responde por más que la mueven y la llaman. La niña indicó que roncaba, así que sabemos que está inconsciente. La pequeña también me ha explicado que su abuela es mayor y toma medicinas, pero estaba cuidando ella sola a los dos hermanos, con lo que tiene que ser una señora bastante sana y activa. Imagino que las medicinas serán porque tiene la tensión, el azúcar o el colesterol altos. La niña no ve sangre ni heridas, así que no parece que su abuela haya sufrido una caída por accidente.  Con toda esta información, creo que lo que le ha pasado a la señora es un problema en su cerebro.

-Muchas gracias. Saber todo esto es de gran ayuda; vamos a ir mucho mejor preparados – respondió el médico de la UVI móvil-. Espero que, al estar inconsciente, su lengua no le esté impidiendo respirar.

-No te preocupes; los niños han puesto a su abuela en posición lateral de seguridad – le informó Sofía.

-¡Qué dices! ¡Impresionante! Pues vamos a tardar en total 15 minutos en llegar, así que seguramente al poner a su abuela de lado han evitado que su situación se complique gravemente – contestó el médico, admirado.

Sofía colgó la llamada de su compañero y entró de nuevo en la llamada de los niños.

-¿Lucía? Ya estoy contigo de nuevo. ¿Cómo está tu abuela? ¿Sigue respirando?

-Sí, ya no ronca pero respira – contestó Lucía, muy aliviada de volver a hablar con la doctora.

-¿Ha cambiado algo? ¿Habla o se mueve?

-No habla, pero ha movido un poco un brazo y una pierna. Pero no se levanta.

-¿Dónde están vuestros padres?

-No lo sé, tenían que trabajar o algo así.

-¿No les habéis llamado?

-No me sé el número. El teléfono de abuelita está apagado y no sabemos encenderlo. Tiene una libreta donde apunta todos los teléfonos, pero no la hemos encontrado.

-Tranquila. En pocos minutos llegará la Policía; no te asustes y ábreles la puerta. Ellos os ayudarán a localizar a vuestros padres y os cuidarán hasta que lleguen. Y después llegará la ambulancia, y llevarán a tu abuela al hospital.

-¿Qué le pasa a mi abuela? ¿Se va a poner bien?

-El médico que va en la ambulancia va a mirarla muy bien y te podrá contestar mucho mejor que yo. Pero sí que te puedo decir una cosa. Hay muchas enfermedades que se curan mejor si la ayuda llega enseguida. Y la rapidez en llamarnos, lo bien que has contestado a todas las preguntas y lo bien que habéis colaborado en todo lo que os he pedido, va a hacer que tu abuela tenga muchas más posibilidades de ponerse bien.policía

-¡Oigo sirenas! – gritó Jaime, asomándose a la ventana-. ¡Es un coche de policía!

-Ya está aquí la Policía – dijo Lucía-.

-Muy bien, cariño. Ahora ellos se harán cargo de todo. Todo va a salir bien, ya lo verás.

-¡Muchas gracias, Sofía! – exclamó Lucía. Y corrió a abrir la puerta.

Los policías buscaron papeles por la casa e hicieron varias llamadas para localizar a los padres de los niños. Poco después llegó la UVI móvil. Cuatro personas saltaron de la ambulancia cargadas con maletines y aparatos y corrieron a atender a la abuela.

Cuando sacaban a su abuela en camilla, el médico se acercó a ellos.

-He ido a muchos avisos en mi vida y me he encontrado con pocos adultos que hayan hecho las cosas tan rápido y tan bien como vosotros. Estoy impresionado.

-¿Se va a poner bien abuelita? – preguntó Lucía.

-Pues gracias a vuestra rápida llamada le habéis multiplicado las posibilidades de curarse. Y gracias a que le habéis puesto de lado la cosa no ha sido todavía más grave, porque con lo que hemos tardado en llegar hasta aquí, si hubiera estado boca arriba todo este tiempo le habría sido muy difícil respirar.

-Yo no me acordaba del teléfono de mis padres – le dijo Lucía, sintiéndose un poco mal -. A lo mejor si les hubiera llamado antes lo habríamos hecho mejor.

-Pues te voy a decir una cosa – le respondió el médico -. Si hubiérais llamado primero a vuestros padres y no hubiérais hecho nada más hasta que ellos llegaran, a lo mejor habríamos llegado demasiado tarde. Pero al llamar al 112 antes que nada, la ayuda ha sido muchísimo más rápida y efectiva. No lo olvidéis nunca: ante una emergencia, lo primero es llamar al 112, activar la cadena de ayuda y hacer lo que ellos os digan. Y después ya habrá tiempo de llamar a más gente o de hacer el resto de las cosas.traslado

Salieron enseguida camino del hospital. La policía se quedó con los niños hasta que llegaron sus padres, que estaban muy nerviosos.

-¡Ay madre mía, lo mal  que lo han tenido que pasar mis niños! – exclamó la madre, abrazándoles.

-Señora, lo que han hecho estos niños es increíble – le dijo uno de los policías -. Han sabido reconocer la emergencia y activar la cadena de ayuda de un modo perfecto. Han llamado al 112, han explicado con claridad lo que ocurría, han dado la dirección, han contestado a todas las preguntas, han hecho todo lo que se les ha ordenado; y gracias a ellos todo se ha solucionado en el menor tiempo posible.

-Conozco casos de niños que pasaron horas, incluso un día entero, solos en casa con un familiar muy enfermo hasta que otro adulto llegó, porque no sabían lo que tenían que hacer – dijo el otro policía-.  Ellos sí lo sabían, y lo han hecho de maravilla.  El operador del 112, el operador del SAMU, la doctora del centro coordinador, el médico, el enfermero y los técnicos de la UVI móvil y nosotros, los policías, estamos muy impresionados. Les felicito por los hijos que tienen y por lo bien que ustedes les han enseñado a actuar.

Los  padres estaban muy orgullosos de sus hijos. Y todavía más cuando, todos juntos, fueron al hospital para informarse del estado de la abuela, porque el neurólogo acudió enseguida a hablar con ellos.

-El médico de la UVI móvil me ha explicado cómo ocurrieron las cosas. Esta señora ha sufrido un serio problema en el cerebro. Y cuando esto ocurre, la rapidez es crucial para tratar de reparar el daño. Con el paso de las horas, las posibilidades de curación son menores. Pero en este caso el traslado ha sido tan rápido que somos muy optimistas. Enhorabuena, chavales. Bien podéis decir que le habéis salvado la vida a vuestra abuela.

Jaime era demasiado pequeño aún; pero Lucía iba siendo cada vez más consciente de la importancia de lo que habían hecho. Y se prometió a sí misma contárselo a todos sus compañeros de clase al día siguiente. Para que si a alguno de ellos le pasaba algo parecido, fuera también capaz de salvarle la vida a su abuelo o a su abuela.19.1

¡UNA CONVULSIÓN FEBRIL!

 Cuando terminó la consulta, el pediatra se asom20150323_135857ó al pasillo para ver si quedaba alguien. Una madre y su hijo estaban sentados esperando, aunque no estaban citados ni parecía que el chico estuviese enfermo.

-Pasen, pasen – les dijo el médico, un poco extrañado. La madre empezó a explicarse.

-Yo quería pedirle un favor, doctor. Mi hija pequeña sufrió una convulsión febril, y mi hijo Pau lo vio todo. Y yo no he sabido explicarle lo que le pasó a su hermana, porque nosotros tampoco lo entendemos muy bien. Quería preguntarle si usted podría explicárselo; porque está muy nervioso y asustado desde entonces.

-¡Ay, madre! – exclamó el médico -. ¡No me extraña que te asustaras! Una convulsión es muy alarmante cuando no entiendes lo que estás viendo. Entrad, entrad. A ver qué puedo hacer.

Entraron en la consulta y se sentaron los tres.

-¿Cómo se llama tu hermanita? – preguntó el médico.

-Aitana – contestó Pau tímidamente.

-¿Y cuántos años tiene?

-Dos.

-Muy bien. Ahora cuéntame qué es lo que pasó, qué es lo que viste tú.

20150323_135957-Pues…estábamos con papá en la cocina; mamá no estaba.  Aitana estaba un poco malita y tenía que tomar la medicina de la fiebre. Estaba intentando subirse a una silla; de repente se soltó y se quedó sentada en el suelo. Pensamos que había resbalado y se había caído, pero no hablaba ni lloraba, sólo hizo un ruido extraño. Y luego se le pusieron los ojos hacia arriba, se cayó hacia atrás y empezó a hacer movimientos muy raros con los brazos y las piernas.

-¿Y qué hicisteis vosotros?

-Papá empezó a sacudirla y a gritar, “¡para, para, ¿qué te pasa? ¡Me estás asustando!”. Pero ella no le contestaba. Y cuando dejó de hacer esos movimientos se quedó muy azul y como muerta, como un muñeco. Papá estaba muy nervioso, dijo que no sabía si respiraba, me gritó que subiera a casa de los vecinos y se la llevó corriendo al hospital.20151023_135706 copia_editado-1

-Uf, qué situación más terrible. ¿Y tú qué pensabas todo ese tiempo?

-No sé…a mí me daba miedo ver a papá llorando y gritando – respondió Pau en voz baja -. Y cuando vi que papá se la llevaba corriendo al hospital pensé que mi hermanita se iba a morir.

-El padre pensó que no respiraba, que se estaba muriendo – comentó la madre -. Estaba histérico porque no sabía qué había que hacer. Luego me contó que mientras llegaban al coche la nena comenzó a reaccionar y a llorar, y él se tranquilizó un poco. Entonces me llamó al trabajo, y yo salí corriendo. En el hospital nos dijeron que había sido una convulsión por culpa de la fiebre, que no nos preocupáramos, que no era grave. Pero el susto no nos lo quita nadie.

-¡No me extraña! ¿Y ya estáis más tranquilos?

-No. Porque nos han dicho que le puede volver a pasar, y seguimos sin saber por qué ocurre esto ni cómo le tenemos que ayudar. Pau cree que en cualquier momento le va a volver a dar otra convulsión, y tiene mucho miedo de quedarse solo con ella aunque sólo sea un minuto.

El médico se quedó pensando unos segundos y después sacó un papel y rotuladores de colores.

-Bueno. Creo que lo primero que tenemos que entender es qué es una convulsión. Y antes de eso, debemos entender cómo nuestro cerebro consigue que nuestro cuerpo se mueva. Mira, Pau: esto que voy a dibujar es tu cerebro. Más o menos, ¿eh? Que yo soy muy malo dibujando. El cerebro no es exactamente así; esto es sólo un esquema. Pero nos va a servir para que entiendas las cosas mejor.

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El pediatra dibujó un “cerebro” dividido en varias partes. En cada una puso un nombre: “ojo derecho”, “ojo izquierdo”, “boca”,  “cuello”, “hombro derecho”, “hombro izquierdo”, “mano derecha”, “mano izquierda”, “rodilla derecha”, “rodilla izquierda”, “pie derecho”, “pie izquierdo”.  Y dibujó cada área de un color. También puso una marca diferente en cada dedo.

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-Ahora ven aquí. Voy a ponerte un punto en las partes de tu cuerpo que se corresponden con los cuadrados que he escrito en este cerebro, con los mismos colores -. Y mientras Pau miraba a su madre entre divertido y avergonzado, el médico le fue pintando puntos de colores en sus párpados, hombros, rodillas, pies… Un punto azul, otro rojo, otro verde…Un círculo en el dedo pulgar, un triángulo en el índice, un cuadrado en el dedo corazón…

-Mmmmmm, ¡me ha quedado una obra maestra! – comentó al terminar, mientras Pau se reía. ¡Vaya pinta debía de tener!

-Y ahora viene la explicación. El cerebro es el jefe de todo el cuerpo. Él manda a nuestros ojos ver, a nuestros oídos oír, a nuestros pulmones respirar, a nuestro corazón latir, nos manda comer si tenemos hambre, beber si tenemos sed, toser si tenemos catarro. Y manda a nuestros músculos moverse para que podamos caminar, correr, sentarnos, rascarnos la nariz o levantar la mano en clase. ¿Tú sabes cómo se llaman las células que forman el cerebro?

-¿Neuronas? – preguntó Pau.

-Exacto. neurona copiaEl cerebro está formado por miles de neuronas, que son las encargadas de hacer trabajar al cuerpo. Y están muy bien organizadas, porque si no nuestro cuerpo sería un caos. ¡Igual que en una gran empresa! Hay un grupo de neuronas encargadas de la visión; otro grupo encargado de la audición; otro para la respiración, otro para el corazón…y otro para los movimientos de los músculos. Son las neuronas motoras. Para entendernos digamos que cada neurona motora controla un músculo concreto de nuestro cuerpo.  ¿Hasta aquí está claro?ELECTRICO

-Sí.

-Vale. ¿Y cómo manda esa neurona la información a su músculo? La forma más fácil de entenderlo es imaginar que las neuronas motoras están conectadas con los músculos que deben mover por un sistema de cables eléctricos. Cada neurona está unida a su músculo por un cable, y tiene un interruptor de “encendido”, para hacer que el músculo se mueva, y de “apagado”, para hacer que deje de moverse. Vamos a hacer la prueba: mira el dibujo.

Pau se inclinó sobre el dibujo del cerebro de colores.

-Cada área de colores será la neurona que manda sobre tu cuerpo. Si yo toco un cuadrado con mi dedo, tú deberás mover la parte del cuerpo correspondiente. Si yo levanto mi dedo, tú dejarás de mover esa parte. ¿Entendido?

-¡Sí! – exclamó Pau, entusiasmado. ¡Qué divertido!

-Pues comencemos. ¡Atento!

El médico tocó sobre el cuadrado que decía “ojo izquierdo” y Pau comenzó a abrir y cerrar su ojo izquierdo. El médico cambió su dedo al cuadrado “pie derecho” y Pau empezó a mover su pie derecho en círculos.

-¡Muy bien! Ahora con los dedos.

El médico fue tocando los dibujos de los distintos dedos y Pau trataba de mover sus propios dedos según las órdenes recibidas. ¡Vaya lío! Ahora el anular izquierdo, ahora el pulgar derecho, ahora los dos índices, ahora todos los dedos de la mano derecha, ahora todos a la vez…

-¡Estupendo! Ahora más difícil todavía.

Mover a la vez pie derecho, hombro izquierdo y los dos ojos. Ahora las dos rodillas, la boca y el cuello. Pau bailaba y saltaba riéndose a carcajadas. ¡Nunca se había parado a pensar que moverse pudiera ser tan complejo!

-¿Y qué pasa si ahora dejo los cuadrados apretados?

El médico dejó los dedos apoyados en los cuadrados “hombro derecho” y “hombro izquierdo”, y Pau tuvo que subir y bajar los hombros más de 30 veces hasta que la orden cesó.

-¿Y qué pasa si ahora los activo todos a la vez? ¿Y además los dejo encendidos un minuto entero?

Y el médico presionó con sus dos manos todo el dibujo.

20150323_140016 - copiaLa mejor forma que Pau encontró para mover todo su cuerpo a la vez fue tumbarse en el suelo y comenzar a abrir y cerrar sus manos, sus ojos y su boca, a chocar sus rodillas, a girar sus pies y su cuello, a subir y bajar los hombros…¡Menudo espectáculo!

-¿Ya puedo parar?- le preguntó al médico.

-Todavía no.

-¡Es que me canso!

-Un ratito más…Vale, se acabó. Prueba superada.

Pau se levantó jadeando como si hubiese echado una carrera.

-¡Qué divertido! ¡Pero estoy agotado!

El médico se levantó y le estrechó la mano.

-Enhorabuena, amigo. Lo has hecho estupendamente.  Acabas de “tener una convulsión” con todas las de la ley.

-¿Cómo? – Pau se quedó con la boca abierta.
20151023_135539 copia_editado-3-Sí. Una convulsión es exactamente eso: un grupo de neuronas motoras del cerebro se activan todas a la vez, encienden sus interruptores y hacen que muchas partes del cuerpo se muevan sin control durante unos minutos.

-¡Hala! – exclamó Pau -. ¿Y por qué pasa eso?

-Porque  a veces unas neuronas son más sensibles que las demás y se activan con más facilidad.  Esto puede pasar por muchas razones. Unas veces las neuronas se vuelven más sensibles después de un golpe en la cabeza, o de una enfermedad del cerebro. Otras veces la persona ya nace con un grupo de neuronas muy sensibles a la luz, al dolor, al cansancio, a los medicamentos o a muchas otras cosas; son los pacientes con epilepsia.

20151023_135545_editado-1-¿Y el cerebro de mi hermana?

-El cerebro de los niños pequeños es muy delicado, porque todavía no está formado del todo. Y a veces las neuronas motoras se activan con el calor, y provocan una convulsión febril: una convulsión por culpa de la fiebre. El cerebro se enfada por culpa del calor y “tiene una rabieta”; y del enfado activa un montón de neuronas motoras.  Incluso antes de que los papás noten que un niño tiene fiebre, el cerebro se “acalora”, se enfada y las neuronas más sensibles se activan.

-Pero mi hermana no movía todo el cuerpo como hice yo.

-Muy buena observación. No hay dos convulsiones exactamente iguales, ni dos personas que tengan la misma convulsión. Eso es porque no siempre se activan las mismas neuronas, con la misma fuerza o durante el mismo tiempo.

-Ah…

-Nosotros hemos hecho la prueba con un dedo, una mano, un pie… Pero las neuronas son mucho, mucho más complejas. Son unas “superespecialistas” del movimiento. Una neurona no sólo dice que se mueva tu dedo: dice qué parte exacta de tu dedo se tiene que mover, con qué fuerza, con qué rapidez…Depende de cómo se encienda el interruptor, tu dedo podrá moverse de cientos de maneras diferentes. Y lo mismo el resto del cuerpo. Una persona que sufre una convulsión puede ponerse rígida sin moverse;  puede  que sólo desvíe la mirada;  puede que sólo mueva una mano o una parte de la cara; puede que gire las manos o los pies;  puede que mueva todo el cuerpo dando sacudidas…puede que sus dientes se cierren con tanta fuerza que se muerda la lengua, o no…puede que dé un grito, o no…algunos se hacen pis, otros no…Dependerá de qué neuronas se hayan activado y en qué grado.

20151023_135712_editado-1-¿Y cuánto dura una convulsión?

-Pues aunque a los demás nos parece larguísima, lo normal es que sólo dure segundos, o como mucho uno o dos minutos.

-¿Y qué hay que hacer para que pare?

-No se puede hacer nada. Cuando las neuronas se cansen, apagarán el interruptor y el cuerpo dejará de moverse. Hasta entonces, lo único que hay que hacer es evitar que la persona se haga daño: vigilar que no se caiga al suelo si le pasa en la cama o en un sofá, llevarla con cuidado al suelo si vemos que se va a caer, intentar que no se dé golpes en la cabeza, quitar las cosas con las que podría golpearse… Pero nada de sujetarla con fuerza para que deje de agitarse. No vale para nada y podríamos hacerle más daño: no vamos a lograr que pare de convulsionar, pero le llenaremos de moratones y hasta le podríamos dislocar un hueso.

-¿Pero respiran? Mi papá decía que Aitana no respiraba…

-Durante una convulsión es difícil saber si la persona está respirando, con todo el cuerpo rígido o con todos esos movimientos. Pero aunque no respirase durante unos segundos, en cuanto terminase la convulsión volvería a respirar.

-¿Y si le abrimos la boca? ¡Entonces podría respirar!

-Es imposible abrir una boca que está fuertemente apretada. A ver, vamos a intentarlo. Aprieta tus dientes con todas tus fuerzas y que tu madre intente abrirte la boca.

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Pau apretó los dientes fuertemente. Y su madre, por más que lo intentó, no logró separarlos ni un milímetro.

-¿Lo has visto? Y sin embargo mucha gente, cuando ve a alguien con una convulsión, intenta meterle en la boca trapos, palos, cucharas y hasta su propia mano, para intentar separarles los dientes. No lo consiguen; pero al intentarlo pueden romperle un diente, hacerle heridas… y alguno se ha llevado un gran mordisco, porque los dientes de alguien que está convulsionando se cierran tan fuertemente como los de un lobo.

-¡Toma ya!

-Y hay otra razón aún para no meter nada en su boca. Si tuvieras que respirar con los dientes apretados ¿por dónde respirarías?

Pau apretó de nuevo los dientes y trató de respirar.

-Pues…por la nariz o entre los dientes.

-Y si yo te pongo un trapo en la boca ¿te dejaré respirar entre los dientes?

-Supongo que no…

-Pues ahí lo tienes. Si la persona pudiese respirar durante la convulsión lo haría entre los dientes; y si le metemos algo en la boca no le estaremos ayudando demasiado. Y si no pudiese respirar durante esos segundos no sería por su boca cerrada, sino porque los músculos de su pecho están rígidos también. Así que abrirle la boca tampoco serviría para nada; y podríamos romperle un diente o hacerle heridas en los labios.

NADA EN BOCA

-¿Y si se muerde la lengua? – se le ocurrió a Pau.

-¿Tú te has mordido alguna vez la lengua? – le preguntó el médico.

-Sí, ¡y duele mucho!

-¿Y se te ha caído la lengua por eso?

-¡Claro que no! – se rió Pau.

-¿Y qué preferirías:  morderte un poco la lengua o que te arranquemos un diente y tengas que ir al dentista a que te lo arreglen? O peor, ¿que te lo tragues, o que se te atasque en la garganta?

-Mmmmmm… morderme la lengua.

-Pues como imagino que el resto de la gente piensa como tú, mejor no le metemos nunca nada en la boca a nadie que esté convulsionando, ¿no te parece?  Si esperamos un poquito a que paren los movimientos o la rigidez, veremos que, aunque se queden muy dormidos, comienzan a respirar.

-Vale.

Pero Pau tenía en la cabeza una imagen que le preocupaba mucho.

-Mi hermana cuando paró de moverse se quedó como muerta.

-¿Cómo terminaste tú después de tu “convulsión”?

-¡Super cansado!

-Y eso que sólo moviste unas pocas partes de tu cuerpo, y durante poco tiempo. Imagínate cómo habrías acabado si tuvieras que mover sin parar todos los músculos de tu cuerpo, pero todos todos, durante un minuto seguido.

20151023_135552 copia_editado-1-¿Por eso se quedó tan dormida?

-Exacto. Su cerebro y su cuerpo se cansaron tanto como si hubiera corrido una maratón. Y quedó agotada. Tan, tan dormida que no se podía despertar aunque le gritáseis o le moviéseis. Es lo que tú llamas “quedarse como muerta”, y los médicos llamamos “quedarse post-crítica”. La post-crisis suele durar bastante más tiempo que la convulsión: ¡a veces hasta un cuarto de hora!  Y fíjate: es el momento donde de verdad se puede ayudar a la persona.

-¿Ah, si?

-Sí, se puede y se debe, porque además es el momento de más riesgo. Cuando una persona se queda post-crítica, inconsciente,  todo su cuerpo está relajado, blandito; si le levantas un brazo se le cae, ¿verdad?

-Sí. Aitana parecía un muñeco de trapo.

22.1 (2)-Pues su lengua también está relajada y blandita. Y si esa persona está boca arriba, su lengua caerá hacia atrás, hacia la garganta,  y no le dejará respirar bien. Como los papás cuando duermen boca arriba y roncan: es porque su lengua se cae hacia atrás en la garganta y les es más difícil respirar; por eso hacen tanto ruido.

-¡Uy, sí! ¡Mi papá ronca un montón! Y mamá le empuja para que se ponga de lado.

-¡Porque las mamás son muy listas! Y saben que, estando de lado, los papás dejan de roncar, porque la lengua ya no se les cae hacia atrás y no les molesta para respirar.

-Entonces, cuando Aitana se quede dormida después de una convulsión, tiene que ponerse de lado para respirar mejor, ¿no?

-¡Excelente conclusión! Pero hay un pequeño problema. Cuando tu mamá empuja a tu papá, él, que sólo está dormido, se despierta un poquito, lo justo para ponerse de lado él solo. Pero Aitana se quedó tan cansada y tan dormida después de su convulsión que no se despertaría ni siquiera un poquito. Las personas post-críticas están tan profundamente dormidas que ellas solas no se podrán poner de lado. Y somos los demás los que tenemos que ponerles de lado, para que puedan respirar mejor.P1080404

-¡Uy, eso me lo sé de los cursos de primeros auxilios! Se llama “posición lateral de seguridad”.

-¡Sí señor, muy bien!

-O sea que todo el mundo se preocupa muchísimo durante la convulsión, intentan hacer de todo para pararla, y de todo para abrir la boca, y no se tendría que hacer nada más que evitar que se den golpes fuertes. Y luego nadie hace nada cuando acaba la convulsión, y sin embargo es cuando sí hay que hacer algo, que es poner a la persona de lado – resumió Pau.

-¡Ja ja ja ja! ¡Exacto! Lo hacemos todo al revés – se rió el médico -. ¿Te queda alguna pregunta?

-¿Le va a volver a pasar esto a mi hermana?

-Pues es muy posible, sí. Hasta que tenga 5 o 6 años su cerebro seguirá siendo muy delicado, y las neuronas pueden volver a encenderse de golpe por culpa de la fiebre. Pero si ocurre, ya sabes qué es lo que tienes que hacer, ¿no?

-¡Sí!

-Y,21.1 por cierto, ¿tú sabes a qué teléfono hay que llamar para hablar con un médico si tu hermana convulsiona otra vez y te asustas mucho?

-Al 112.

-¡Pero que muy bien! Eso es. El médico del 112 te tranquilizará, te dará las instrucciones que tú hayas olvidado, y te mandará un médico a casa si es necesario.

-He aprendido muchísimo sobre las convulsiones. Me ha dejado mucho más tranquila, y a Pau también – dijo la madre, levantándose y estrechando la mano del médico-. ¡Muchas gracias, doctor!

-¡Adiós! ¡Y gracias! – se despidió Pau.

-¡A vosotros! ¡Hasta la vista, aunque mejor tarda mucho en ponerte malo!

Pasó el tiempo y Aitana, aunque tuvo fiebre más veces, no volvió a convulsionar. Así que el miedo se les fue pasando y el episodio se les fue olvidando.

Hasta que un día los hermanos se quedaron en casa de la abuela, porque los padres tenían un compromiso importante.

-Acuérdate de darle a Aitana el jarabe, que esta noche tosió mucho – le dijo su madre a la abuela antes de marchar.

Estaban tan tranquilos viendo la tele cuando, de pronto, la niña se quedó rígida en el sofá.

-Aitana, ¿qué estás haciendo? – le preguntó la abuela, sorprendida.

La niña tenía los ojos perdidos, no hablaba, no se movía.  Pau empezó a ponerse nervioso, presintiendo lo que estaba a punto de ocurrir.

-¡Aitana, contesta! ¿Qué te pasa? ¡Ay, madre mía! ¿Qué le está pasando? – preguntó la abuela cada vez más asustada.

20150323_135957bAntes de que Pau pudiera contestar, la nena soltó un quejido y comenzó a convulsionar.

-¡Ay, mi niña! – gritó la abuela, asustadísima, sujetándola con fuerza -. ¡Para, para ya de hacer eso!

-¡Abuela, no la sujetes tan fuerte! ¡Le harás daño y no va a servir de nada! – exclamó Pau, recordando las lecciones recibidas-. Es una convulsión, y no hay que hacer nada. Sólo hay que evitar que se golpee la cabeza, nada más.

-¡Pero si no abre la boca! – la abuela intentó abrirle la boca con sus dedos, pero se llevó un buen mordisco – ¡Pau, tráeme una cuchara de la cocina, hay que abrirle la boca, no va a poder respirar!

-¡Que no, abuela! ¡Que no hay que hacer nada! Va a dejar de moverse dentro de muy poco, tú ya lo verás – dijo Pau, no muy seguro. ¿Y si su abuela tenía razón y él se equivocaba?

-¡Sujeta a tu hermana, voy a llamar al médico! ¿Dónde está el teléfono del médico? – la abuela estaba tan nerviosa que vació su bolso en el suelo, buscando su agenda.

-¡Abuela, llama al 112! – le indicó Pau. Ese número sí que lo recordaba bien.

-¡Tienes razón, hijo! – la abuela, sin dejar de temblar, llamó al 112. En cuanto le contestaron comenzó a gritar:

-¡Vengan enseguida, por favor, mi nieta tiene una convulsión! ¿Qué de dónde llamo? De aquí, de este teléfono, ¿es que no les sale la dirección? ¡Deje de preguntarme y vengan ya, que está muy mal!

Y colgó el teléfono. “Sin dar la dirección y sin contestar ninguna pregunta, me parece que el médico no va a poder llegar a esta casa”, pensó Pau.

La convulsión cesó, y Aitana se quedó como muerta, azulada, inmóvil.

-¡Ay, Dios mío! ¡Está muerta! – gritó la abuela, saliendo desesperada al rellano -. ¡Socorro, socorro! ¡Mi nieta se muere! ¡Que alguien me ayude!

Y echó a correr escaleras abajo en busca de algún vecino. Pau se quedó junto a su hermana, muerto de miedo y sin saber muy bien qué debía hacer.

“Si el médico tenía razón en que la convulsión dura poco tiempo y se para, y tenía razón en que hay que llamar al 112, también tendrá razón en todo lo demás”, pensó. “¿Qué más me enseñó? A ver: primero se encienden muchas neuronas a la vez y se mueve todo el cuerpo. Cuando las neuronas se cansan se apagan, y Aitana queda tan cansada de tanto moverse que se queda muy dormida. Pero sí que respira. ¿Aitana está respirando?”

20150323_135920Pau puso su mano en el pecho de su hermana y notó que se movía. Además notó su corazoncito latir muy, muy rápido debajo de su mano.  Acercó su cara a la de ella y sintió que hacía ruido al respirar.

“Vale, su corazón late, y está respirando, así que no está muerta. Pero boca arriba le cuesta respirar porque su lengua también está muy cansada y se le cae hacia atrás. Mamá empuja a papá para que se ponga de lado, pero Aitana no puede ponerse de lado. Yo tengo que ponerle de lado para que respire mejor”.

Pau colocó a su hermana de lado. “Y ahora, a esperar. Por favor, por favor, que no esté dormida mucho rato”.20150323_230046

Notó que estaba muy caliente y pensó que si le quitaba algo de ropa la fiebre mejoraría. Comenzó a luchar con el jersey y los pantalones.

“¿Llamaré otra vez al 112? No creo que la llamada de mi abuela sirviera para mucho”, pensó.

En ese momento su abuela entró corriendo, acompañada de la vecina del segundo, que era enfermera, recordó Pau.

-La convulsión ya ha parado. La he puesto en posición lateral de seguridad y le he quitado ropa para que la fiebre baje antes. Estaba a punto de llamar al 112 para dar bien la dirección y contestar a todas sus preguntas, porque mi abuela no lo hizo bien – le explicó Pau, un poco temeroso de haber cometido algún error.

La enfermera le miró asombrada.

-¿Pero tú cómo sabes todo esto?

Aitana empezó a moverse y a llorar cada vez más fuerte.

-¡Está viva! ¡Gracias a Dios, gracias a Dios! – exclamó la abuela llorando de alivio.

La enfermera cogió a la nena en brazos sin dejar de mirar a Pau con la boca abierta.

-¿Lo he hecho bien? – preguntó él, preocupado.

-¿Qué si lo has hecho bien? ¡Lo has hecho perfecto! ¡Impecable! Es increíble, ¿cómo has sabido lo que tenías que hacer, si tu abuela estaba tan nerviosa? – le preguntó la vecina, admirada. Pau sonrió aliviado.

-Me enseñó mi pediatra.

-Pues tu pediatra ha sido un maestro estupendo. Y tú un alumno excelente, mucho mejor que muchos adultos. ¡A la vista está!

La vecina enfermera tranquilizó a la abuela, habló con el 112, llamó a los padres, vigiló que la nena se recuperara de manera correcta. Los padres acudieron enseguida y decidieron llevar a la niña al médico para quedarse más tranquilos. Entre la vecina y la abuela les contaron toda la historia. Y para Pau, las felicitaciones de la enfermera, las caras de orgullo de sus padres y el alivio de su abuela, unidos a los llantos enérgicos de su hermanita, fueron el mayor premio que jamás había recibido. Tenía la seguridad de que con sus manos había ayudado a resolver una emergencia, ¡y eso no lo podía decir su abuela!19.1